sábado, marzo 08, 2014

Arnost Lustig. 1 de 3.

Sueños impúdicos y presentación.

Hace algunos años (allá por el 2010, si mal no recuerdo) Arnot Lustig (1926-2011) estuvo de visita en Buenos Aires participando de un encuentro -una serie de conferencias y otras actividades- organizado conjuntamente por el (hoy extinto) Centro Checo de Buenos Aires y la Fundación Jorge Luis Borges, entre otros. En la conferencia que tuvo a su cargo habló de la experiencia del nazismo, los campos de concentración, el exilio, y lo que significaba hacer literatura con una carga semejante. Fue en esa conferencia, que luego de los aplausos me acerqué con mi maltrecho ejemplar de Sueños impúdicos y le solicité (traductor mediante) que, amablemente, me lo firmará. Mi torpeza para el aprendizaje de idiomas impidió que cruzáramos demasiadas palabras, pero bastó su sorpresa infantil y radiante alegría al observar (quizás después de muchísimo tiempo, tal vez por primera vez) un título suyo en español -el único en la sala- para guardar de él un hermoso recuerdo, impregnado de una vitalidad desbordante que de ninguna manera insinuaba su delicado estado de salud. 

Lustig había nacido Praga y en 1942 fue transportado al campo de concentración de Theresienstadt, de donde sería trasladado al horror de Auschwitz y posteriormente a Buchenwald, último campo de concentración en el que estuvo gracias al descarrilamiento del tren que lo conducía a un nuevo campo, que permitiría su huida.  
En 1945 regresó a Praga y participó del levantamiento contra los nazis. En 1968 protestó contra la invasión soviética y, como tantos otros intelectuales checos, se vio forzado a abandonar el país, residiendo primero en Isarel, un tiempo en Yugoslavia, y finalmente en Estados Unidos, donde permanecería enseñando cine y literatura hasta 1989, fecha de la caída del muro, cuando comenzara a dividir su tiempo entre Washington y Praga hasta 2003, año de su retiro de la American University de Washington y de su definitivo y permanente regreso a la ciudad que lo había visto nacer.
Además de su producción literaria, escribió guiones de cine, trabajó como redactor y periodista. Sueños impúdicos (Seix Barral, Barcelona, 1990, traducida del inglés) Ojos verdes (Galaxia Gutenberg, Barcelona, 2006) y Una oración por Kateřina Horovitzová (Impedimenta, Madrid, 2012) son hasta ahora sus únicos libros traducidos al español. 
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Sueños impúdicos reúne tres relatos distintos enlazados por el espacio que ocupan (la ciudad de Praga), el tiempo en que transcurren (los últimos días de la guerra, en 1945), la omnisciente soledad (presente en cada personaje, pero también en la ciudad que los hospeda), y la presencia del invasor alemán, en una exploración que, lejos de juzgar cabalmente, expone los vínculos, relaciones, temores y anhelos, tanto de ocupados como de ocupantes.
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El primer relato, “Día triste”, es un relato de culpa, soledad y muerte.

En él una prostituta alemana (Ingi Lenge) recibe y aloja a un oficial nazi que busca refugiarse de las revanchistas manos checas, quienes, apoyadas en las fuerzas aliadas, recuperan tramo a tramo la ciudad.

El temor del joven oficial por ser descubierto y atrapado se aloja en el polo opuesto de la indiferencia que su anfitriona, marcada por el desprestigio y la soledad, ostenta. Y mientras en él ella no vea más que la llegada de quien de improvisto pueda darle refugio y consuelo; para áquel ella no representará más que la posibilidad de una huida que le permita escapar de una ciudad que lo tuvo como amo y que ahora lo acorrala. 
Así, cada personaje, representa para el otro, cada uno a su manera, la última puerta de escape ante una realidad que los condena. 
“Día triste” irá recorriendo, alternativamente, los planes y pensamiento de Ingi Lenge y del joven oficial, en esos escasos días que convivan, encerrados en el apartamento de la mujer (el único lugar todavía seguro para un alemán en Praga). Subrayando los encuentros y desencuentros que entre ambos se produzcan y que nunca llegarán a acortar una distancia irreparable.
Quizás la clave del relato sea no solo la oprimente soledad que ambienta la narración, sino, sobre todo, la forma en la que son presentados sus protagonistas: Dos figuras aisladas, luchando por su destino, víctimas de una realidad que los acorrala (y casi nunca victimarios: no recae desde la narración prácticamente juicio moral sobre ellos, no hay marcas de sus culpas o sus crímenes, no hay condena -salvo en el final y nada se explica de esa condena) a enfrentarse a fuerzas superiores sin otras armas que su mera humanidad. En el encierro que une a ambos personajes sobrevolará una y otra vez el asedio que les toca soportar a cada uno: A él, los estrépitos de los tiros triunfantes de la metralletas checas; a ella, el fantasma de la vieja judía, antigua y legítima propietaria del apartamento que le ha sido concedido, insistente en el recuerdo del momento en que la viera abandonar la propiedad arrastrando los pies, con el cuerpo encorvado, victima de la tuberculosis tanto como de la atrocidad del nazismo.

sábado, noviembre 09, 2013

Tríptico de Havel. 3.

Después de Kafka y Hasek, por Martin Esslin

El Divadlo na Zabradli (El Teatro de la Tribuna) es uno de los centros de vanguardia de la Europa de hoy: es una salita improvisada en una vieja alcaldía del corazón de la vieja ciudad de Praga. El teatro tiene una capacidad de apenas 200 espectadores, y el escenario es pequeñísimo. Aquí constituyó Ladislao Fialka, en 1958, su compañía de mimo hoy famosa en todo el mundo; en 1959, críticos, directores, teóricos del teatro y el traductor de Brecht, Ian Grossman, se unieron en torno a este teatro como impulsores de un verdadero teatro dramático. En 1960 Vaclav Havel, un joven que entonces apenas había cumplido 24 años, ayuda a Grossman en calidad de dramaturgo y potencial autor dramático. De esta manera se creó uno de los equipos más notables que operan actualmente en el campo del arte dramático en Europa; Grossman, alto, de mediana edad, severo, y al menos aparentemente cargado de preocupaciones; Havel, que tiene ahora 30 años parece no tener más de diecinueve, bajito y de aspecto angelical, regordete y jovial. En torno a estos dos personajes se reunió un grupo de actores, escenógrafos, fotógrafos y músicos entusiastas particularmente dotados. Y un público igualmente entusiasta. 
La apariencia de brillante alegría de Havel es ilusoria: innegablemente, sus comedias son divertidas, pero contiene un poso de pesimismo y desesperación. Se componen de una mezcla de sátira política, imágenes absurdas de situaciones humanas, parábolas filosóficas y sarcásticas, humor negro. Kafka y Hasek, que difícilmente pueden dejarse de tener en cuenta en Praga, están siempre presente en sus comedias, como dos almas gemelas protectoras.
Lo que Kafka trataba de describir era la angustia metafísica del hombre frente al misterio de la existencia: la incapacidad del hombre de saber de dónde viene, a dónde va y qué tipo de misión le ha sido encomendada. Para Kafka se trata no del peso de la culpa del creyente que ha pecado contra normas éticas claramente definibles, sino de un peso mucho más terrible: la absurda consciencia de haber pecado contra la ley ignorada, con el añadido de la sensación de que la simple presencia del hombre sobre la tierra, su sola existencia, ya constituye un pecado original. Muchos otros escritores han intentado definir el eterno dilema; Kafka encontró en la particular atmósfera de Praga el ambiente ideal para expresarlo. La antigua y mística ciudad, con sus calles tortuosas y sus leyendas fantásticas de un emperador alquimista y del viejo rabino que creó un hombre, el Golem, de un puñado de barro; Praga, que ha sido casi siempre sede de una burocracia compacta gobernadora de una población oprimida, incapaz de comprender el fin y significado de las leyes  ordenamiento que debía obedecer. Con estos elementos Kafka construyó una imagen de la angustia humana frente a los misteriios de la existencia, una imagen que era al mismo tiempo visionaria y concreta, fantástica y real. La temática de Kafka es universal; su lenguaje, simbólico, se lo prestó Praga, su atmósfera y su historia.
El soldado Svejk de Hasek, es a la vez localista y universal. También en ella encontramos la reacción de los checos ante la estúpida e incomprensible violencia ejercida por una jerarquía ignorante y tozuda; ante la idiotez de sus opresores Svejk reacciona tomando sus órdenes al pie de la letra y con la máxima seriedad, y siguiéndolas hasta el final en sus más mínimos detalles. 
Vive, a la manera de los héroes torturados y atormentados de Kafka, en un mundo que es absurdo, y a cuya absurdidad trata de poner fin llevándola al extremo, hasta sus límites, hasta el punto en que la misma absurdidad se ve compelida a desplomarse por colapso. En alguna parte en lo profundo de su alma, alberga en efecto la débil esperanza de que este derrumbamiento deje lugar a un pensamiento más racional. 
La esperanza de Svejk nunca se hizo realidad: El Impero austro-hungaro se derrumbó, pero después de un breve respiro, en condiciones de existencia relativamente tolerables, el poder volvió de nuevo a las manos aún más vergonzosas, si cabe, de Heidrich y Hitler, y después a las del estalinismo. Ante este sucederse de situaciones cada vez más absurdas, la reacción popular de los checos se hizo más obstinada, más amarga y más sufrida que la de Svejk. En las obras de Havel esta actitud es más claramente perceptible: en un mundo violento y absurdo, dirige su naturaleza hacia una lógica que sólo en apariencia es absurda, montando una maquinaria de brutal y, sin embargo, lógica absurdidad. 
En Fiesta en el jardín se admite la lógica del siguiente dilema: un gobierno que pide al "Ministerio de Inauguraciones" que liquide al "Ministerio de Liquidaciones", no puede liquidar al "Ministerio de Liquidaciones" desde el momento en que sólo el "Ministerio de Liquidaciones" puede proceder a la liquidación del "Ministerio de Liquidaciones", y por tanto para poder liquidar al "Ministerio de Liquidaciones" debe no liquidar el "Ministerio de Liquidaciones". Incluso en Memorandum encontramos un dilema idéntico: la orden de liquidar una nueva lengua oficial, redactada en esa nueva lengua, no puede ser realizada correctamente desde el momento en que está escrita en una lengua cuyo significado escapa al burócrata oficial. Havel empieza pues, situaciones de clara inspiración Svejkiana, pero sus bases son de un alcance considerablemente más profundo y de evidente inspiración kafkiana. Por ello sería erróneo interpretar el dilema Svejkiano de Havel, únicamente como una sátira contra la idiotez de la burocracia local. La burocracia de la que habla Havel tiene una raíz absurdamente metafísica; implica la absoluta contradicción interior en el mismo ser; el dilema se transifere al uso de la lengua y las paradojas se manifiestan en todas las formas del ordenamiento administrativo. 
Las obras de Havel deben mucho a la atmósfera y al espíritu del gusto por la experimentación del grupo del pequeño teatro "Na Zabradli". Pero seguramente, deben aún maoyr reconocimiento a Ian Grossman, su colaborador y director, y al profundo compromiso del propio Havel con aquel grupo, con el resultado de que el texto se enriquece con la representación escénica. Havel y su teatro deben ser también enormemente gratos a su público. En Europa Oriental se advierte todavía un sentimiento específico de aislamiento (entre otras cosas, es aún muy difícil salir al extranjero, y no tanto por una prohibición de dejar el país, sino sobre todo por las restricciones de moneda extranjera) que hace nacer una curiosidad, un sentimiento de malestar, un sentimiento de necesidad y la adaptación de cuanto se haga en un teatro experimental; cosa que las más de las veces falta en la más escéptica y satisfecha atmósfera de Europa Occidental. Cuando vi representar las comedias de Havel me emocioné profundamente, no sólo por lo que veía sobre el escenario, sino también por el entusiasmo y la conmoción del público. 


sábado, septiembre 07, 2013

Tríptico de Havel. 2.

Una vida como una obra de arte, por Milan Kundera

Siempre le he tenido una especie de alergia al comentario que se atribuye (creo que incorrectamente) a Goethe: "La vida debe parecerse a una obra de arte". La raón por la que el ser humano necesita el arte es porque la vida es amorfa  no se parece nada a una obra de arte. 
Sin embargo, en estos días tan importantes para mi vieja patria, me enteré con enorme regocijo de que Vaclav Havel es el nuevo presidente de Checoslovaquia. Mientras pienso en él me digo que sí existen casos (muy raros) en donde comparar la vida a una obra de arte está justificado.

Un tema central

La vida entera de Havel está estructurada en torno a un tema central; todo está prefijado, no tiene ningún desvío (a Havel nunca le afectaron las ilusiones líricas del comunismo, y de este modo, nunca tuvo la necesidad de deshacerse de ellas, como lo han tenido que hacer muchos). 
Su vida ha sido un proceso paulatino y continuo, y da la impresión de una composición de unidad perfecta. Es más, me parece que Havel mismo, modela su vida como lo hace un escultor con su piedra, dándole progresivamente una claridad de sentido y forma. 
La manera en que condujo la lucha de las últimas semanas ("una especie de revolución pacífica", me dijo en una carta) era fascinante no solamente desde el punto de vista político, sino también estético. Era como el final "prestísimo" de un gran maestro. 
Se supone que una obra de arte han de percibirla otros. Hacer una obra de arte de su propia vida, es exponerla a escrutinio, iluminarla. Pero si el hombre que se ilumina es un artista se corre un riesgo: su vida convertida en obra de arte puede hacer que se olviden sus obras. En el caso de Havel, esto sería una pena. Tenía menos de treinta años cuando se estrenaron sus primeras obras de teatro en Praga: La reunión social en el jardín y El memorandum. Eran inteligentes y provocadoras, no se parecián a ninguna otra cosa por su humor tan irresistible.
De hecho, estas dos obras son mis favoritas, y es porque pude verlas en Praga, en producciones magníficas, completamente fieles al espíritu del autor. 
Pude verlas en el teatro del Balustrade, donde estaba trabajando Havel en aquel entonces, y donde sigue siendo el símbolo del espíritu libre de los años sesenta.
Sus obras posteriores, por ejemplo La audiencia, no son menos esplendidas. Si aún existieran compañías teatrales que consideraran que el texto de un autor es el cimiento del arte teatral, estas obras estarían en los repertorios del mundo entero. 

Siempre dramaturgo

Aunque a Havel se le conoce en el mundo principal (y justamente) como el fundador de la Carta 77, como un disidente que  ha pasado años en la cárcel y como el mayor representante de la moral de su país, en el fondo siempre será un dramaturgo, un poeta del teatro. Ignorar esto es no comprenderle.
Primero significa que no se entiende cuán profundamente enraizado en la tradición nacional se encuentra. El movimiento checo de renovación del siglo XIX no fue organizado en torno a la Iglesia ni al Ejército, sino alrededor de la cultura en general y los teatros en particular. Las grandes figuras políticas de ese tiempo eran escritores: Frantisek Palacky, un historiador; Karel Havilicek, un poeta satírico, y Tomas Masaryk, un filósofo. 
Su dimensión como artista diferencia a Havel de otros personajes políticos de hoy. No deberíamos olvidar que la gente sufría ataques de risa con sus primeras obras de teatro. Sí, Havel suscitó risas. Y humor significa escepticismo. Y el escepticismo a su vez significa auto-ironía. 
Hace dos años, en París, vi su obra de teatro, Largo desolato. En esta obra, Havel considera irónicamente su propia situación: la de un hombre que se dedica a la lucha política y por esto ya no es el dueño de su propia vida, todos los demás quieren apropiarse de ella. Cuando en el último acto, viene la policía para arrastrar al protagonista, éste casi está contento de tener la oportunidad de poder estar solo.
El disidente, este prototipo del héroe moderno, lleva su destino no como algo glorioso, sino como una carga que casi es absurda. Prefiere hacer otras cosas (como por ejemplo escribir poesías u obras de teatro) para deshacerse de su destino. Pero él no puede. Porque mientras tanto, algo más poderoso que él le ha agarrado, algo que lo trasciende, algo que Havel llama la responsabilidad. 

Etíca de su disidencia 

Para él, esto es lo que define como la ética de la disidencia. Habla Havel de ello en el ensayo Un libro checo de sueños de Ludvik Vaculik, una obra magnífica. Impliscito en esta ética, está la certeza (que solamente puede tener un autor dramático o un novelista) de que no existe ninguna unidad entre el carácter del hombre y su destino, que uno siempre es la víctima del otro.
Esta capacidad de tomar un punto de vista irónico, de evitar que interpreten su vida melodramáticamente, se podría considerar sagaz. Entre las grandes figuras políticas contemporáneas, no veo a ningún otro que posea esa sagacidad. Porque esa es la sagacidad de un poeta. 

Vaclav Havel

martes, septiembre 03, 2013

Tríptico de Havel. 1.

Havel, por él mismo -(Autorretrato).


Cuando un autor está mejor considerado por los que le rodean de lo que él mismo se considera, todo marcha bien. En cambio, si el escritor empieza a considerarse más de lo que lo estima su ambiente, tenemos un signo infalible de su próxima decadencia. Por esta razón siempre he tenido un miedo terrible a que algún día me hiciesen, con mucha seriedad, preguntas como estas: "¿Cómo crea usted?". O: "¿Cuál de sus criaturas es la que más le gusta?". O: "¿Cuál es, en su opinión, la relación que le liga a Ionesco?", etc.; y que yo me pusiera a responder en detalle y profundamente en serio, sin darme cuenta de que el entrevistador me estaba gastando una broma de mal gusto. En realidad, el hecho de que el escritor pierda la sana conciencia de la propia nulidad y comience a considerarse como un objeto digno de atención particular, significa casi siempre que ya no está en situación de ver este mundo en sus verdaderas proporciones, y el caso es grave. Quizás, todo cuanto he dicho explique que la primera cosa que me vino a la cabeza cuando me invitaron a escribir fueron las ganas de escaparme. Por tanto, inmediatamente comencé las pesquisas, pero todo llevaba a la conclusión de que iban en serio. Me dispuse encontes a escribir una respuestas seria; si al final resulta que todo era efectivamente una broma y que, por tanto, tengo tendencia a considerarme más de lo que me consideran los demás, será esto un signo precursor de mi próxima decadencia (lo que, francamente, me disgustaría, porque pienso que todavía queda bastante para que comience mi decadencia). Por tanto: Nací en Praga en 1936, terminé la escuela primaria durante la guerra, y la media en 1951; cuando quería seguir en el Liceo los estudios que había comenzado no muy brillantemente, me enviaron a aprender el oficio de ayudante de laboratorio farmacéutico, y trabajé como tal cuatro años. A la vez, acudía al liceo en las clases nocturnas. Después intenté entrar en la Facultad de Químicas, un poco porque la química me interesaba bastante y un poco también porque, dado el trabajo que había hecho hasta entonces, no podía entrar a ninguna otra facultad. No me admitieron. Un año más tarde la química ya no me interesaba, pero conseguí que me admitieran al examen de acceso a la Facultad de Historia del Arte. Pero tampoco en ésta me admitieron. Lo intenté incluso en la Facultad de Filosofía, pero como ésta no me quiso tampoco, me fui a estudiar economía del transporte automovilístico: era la única facultad que consintió en acogerme. Ingenuamente, esperaba que aquello acabara por interesarme. Resistí allí dos años, y después reconocí que aquello había sido una ligereza e intenté pasar a la Facultad de Cinematografía. No me admitieron. Entonces me fui a hacer el servicio militar, en el que, ante mi asombro, me admitieron inmediatamente. Esto sucedía en 1957. Cuando me licenciaron después de dos años y habiendo llegado al grado de soldado raso, intenté que me admitieran en "Dramaturgia", en la Facultad de Teatro, pero tampoco esta vez lo conseguí. Entré entonces como maquinista en el teatro ABC; un año más tarde -siempre como maquinista- al teatro Na Zabradli (de la tribuna), donde todavía me encuentro hoy, primero como maquinista, luego como secretario, luego como lector y por fin como dramaturgo. Todavía en 1961 volví a intentar el ingreso en la Facultad de Teatro, y de nuevo no volvieron a admitirme. Sólo en 1962, cuando era ya dramaturgo en el Teatro Na Zabradli, me admitieron para estudiar dramaturgia por correspondencia. Puedo decir, por tanto, que completé mi formación preparándome para los exámenes de admisión de las diversas facultades; es un buen sistema que puedo recomendar, sin más que prevenir contra el peligro de ser finalmente aceptado en algún sitio. 
Pasemos ahora a mi obra. Desde que tenía dieciséis años comencé a escribir, poesía sobre todo, además de consideraciones teóricas de varios géneros, vicio con el que sólo acabé durante el servicio militar. En aquella época, ya para mi fortuna, los inicios poéticos no eran acogidos con el favor con el que lo son hoy, así que ahora no tengo que avergonzarme ante los habituales de librerías de viejo por las profundas exploraciones por mí realizadas en el mundo de los sentimientos. Sólo durante el servicio militar comencé a interesarme por el teatro, porque allí el formar parte del conjunto filodramático del Regimiento concedía la posibilidad de librarse de vez en cuando de los ejercicios militares. Encarné el personaje del teniente Skrovanek en Noches de septiembre de Pavel Kohout, y debí hacerlo con tal convicción que el comandante de Compañía me juzgó severamente por mi participación en la representación de tal comedia, además de destituirme de mi puesto de encargado de carro de combate y de presidente de las Juventudes Comunistas de la Compañía: Skrovanek es, en efecto, una figura negativa, que ambiciona las funciones del comandante de la Compañía. (Este raro caso de inmediata y espontánea aproximación al teatro está efectivamente verificado). Seguidamente, hice el papel del cabo Trojan (también éste era un farsante negativo -evidentemente aquella era mi vocación-) en la comedia de ambiente militar Una vida por delante, que escribí en colaboración con mi amigo K. B. para uso y consumo de nuestro conjunto filodramático, y que estaba concebida para que se emplease el mayor número posible de compañeros. Parece ser que todavía hoy se discute sobre el significado real de esta comedia en los círculos competentes del Ejército. 
Después del servicio militar, cuando finalmente me admitieron en la Facultad de Dramaturgia, el teatro comenzó a interesarme en serio y, desde entonces publico de vez en cuando artículos teóricos o críticos en la revista "Divadlo". Comencé incluso a escribir comedias, algunas de las cuales se las deje leer a Ivan Vyskocil, que sobre la base de estas lecturas promovió mi ascenso en el Teatro Na Zabradli. Con él escribí en colaboración la comedia Autostop, y en colaboración con Milos Macourek El mejor rock and roll de la señora Hermanova; y después, solo, Fiesta en el jardín y Memorandum. También escribí una antología de poesía tipográfica titulada Antikody. Mi trabajo actual se realiza sobre todo en la compañía del Teatro Na Zabradli, que bajo la dirección de Jan Grossman pienso que tiene muchas posibilidades de hacer un buen teatro. 
Esto es todo. No hace mucho tiempo, un escritor checo, en una confesión en público, repitió pomposamente el verso de Neruda: "Estoy feliz de haber sido todo lo que he sido". Yo no puedo decir lo mismo; me han ocurrido muchas cosas que me han dotado, bien es verdad, de una valiosa experiencia, pero que no me gustaban y no me interesaban. Lo importante es que me interesa lo que  hago ahora. 






domingo, agosto 11, 2013

Y uno de Neruda

A modo de yapa
Cinco poemas de Holan, en la penúltima publicación, otros cinco de Seifert, en la anterior; siguiendo en la línea compartimos este del gran Neruda, quien prestara su apellido a un inmenso poeta, se hiciera famoso por sus relatos al barrio, destacando sobre todo en la prosa, y fuera anterior a todos ellos. 
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Canciones cósmicas

¡Ay estrellas, himnos radiantes,
os escucho en inflamada santidad:
anunciáis muertes y resurrecciones distantes
pero el alma me la llenáis de bienestar!

Con el corazón todo él henchido
quedo a mano con la inmortalidad.
!Qué necesito yo, ser sin olvido,
si ahora siento la eternidad!

sábado, agosto 10, 2013

Cinco Poemas de Seifert

de arbitraria elección.
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Si no el mejor, el más longevo poeta de Devetsil, y del grupo vanguardista del poetísmo checo,  supo acompañar al siglo con una honda y sutil poesía. De paréntesis similares a Borges (su vida se extendió entre 1901 y 1986) también coincidió con él en su entusiasmo juvenil por las vanguardias, su posterior elección del clasicismo, y un inmenso amor a la patria. 
Tal vez algo de todo eso pueda percibir en los poemas siguientes el curioso lector. 
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Si se enterraran los amores

Si enterraran los amores 
                                    habría aquí un cementerio apacible.
Sin sirenas, nada por ninguna parte.
La isla está vacía.

                          Y el tiempo desgarró ya la música
que agitaba en la sala
el atractivo de los encajes.
Y desgarró también los encajes. Eso lo sabe hacer.
                                                                         Y de sus hilos,
hizo ovillos,
en los que suenan sólo los guisantes
en el gaznate del pato. Así es como se hacían.

De un teatro cercano,
venían aquí, a veces, bailarinas
                                              cuando salían de los ensayos.
Hoy la isla pertenece a la poetisa, como el libro y la rosa. 

Y también las golondrinas,
                                      golondrinas felices,
mientras piaban, ella lloraba.

Era tan jovencita
cuando oyó las sirenas de la vida.
Pero no se hizo atar
ni se puso cera en los oiditos
como aquel cobarde aventurero.

Con alegría corrió a su encuentro,
                                                 y murió por ello.
-¿Y qué hubiera pasado,
                                   me preguntó de pronto mi hijita,
si las golondrinas fueran rosas?

A esta pregunta no supe contestar. 
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El tímido susurro de la boca besada

El tímido susurro de la boca besada 
                                                    que sonríe: por un sí
que hace tiempo no escucho.
                                            Ni tampoco me toca.
Sin embargo quisiera encontrar aún palabras
que estén amasadas
                             de miga de pan.
Pero el pan se ha puesto mohoso
                                                y el perfume amargo.

Y en torno a mí se arrastran palabras de puntillas
y me ahogan
                   cuando quiero asirlas.
Matarlas no puedo,
                            y a mí me matan. 
¡Y retumban las puertas a golpes de maldiciones!
Si pudiera obligarlas a bailar para mí
se quedarían mudas.
                              Y aún cojearían.

Sin embargo sé muy bien
que el poeta está obligado siempre a decir más
que lo que esconde el rumor de las palabras.
Y eso es la poesía.
De lo contrario con la llave inglesa del verso no podría
arrancar el capullo de la melosa envoltura
y obligar al hielo
                         a que os recorra la espalda
mientras desnuda la verdad.
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El rey Herodes

Cuando se llevó a los labios un racimo de uvas
Herodes, el rey asesino de los inocentes,
tenía en las manos horribles huellas de sangre.

¿Qué culpa pesa sobre su alma?
Horribles huellas de sangre tenía usted en las manos
cuando un racimo de uva elevó usted a sus labios.
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Versos de tapiz

¡Praga!
A quien la ha visto una vez por lo menos
su nombre le canta en el corazón
y es ella misma una canción entretejida de tiempo,
y nosotros la amamos.

¡Escuchad!
Mis primeros sueños aún felices
brillaron en sus tejados
como platillos volantes,
y se perdían dios sabe dónde,
cuando era joven.

Una vez apoyé la mejilla
sobre la piedra del viejo muro
del castillo.
En el oído, de pronto,
sentí un retumbar oscuro:
Eran los siglos y su bramido.
Mas las suave y blanda piedra de marga
de la montaña blanca
me susurró al oído amistosamente:
ve, te están buscando.
Canta, tú tienes a quien cantar,
y di la verdad.

Y lo hice y no he mentido
si no es a mis amores
y tan sólo un poquito.
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Ser poeta

La vida ya hace tiempo me enseñó
que la música y la poesía
son en este mundo lo más hermoso 
que puede darnos
excepto el amor.

En una antigua crestomatia,
publicada aún en tiempos del viejo imperio Austrohúngaro,
en el año que murió Vrchlicky*
busqué el tratado que hablara
de poética y de los adornos poéticos.
Luego puse una rosa en un vacito,
encendí una vela
y empecé a escribir mis primeros poemas.

Inflámate, llama de las palabras, y arde
aunque acaso me quemes los dedos.
Una metáfora sorprendente
es más que un anillo de oro en la mano.
Pero ni siquiera la metodología de Puchmajer
me sirvió de nada.
En vano recogía las ideas
y con fuerza cerré los ojos
para poder oír el misterioso primer verso.
En la oscuridad, lugar de las palabras, 
entreví una sonrisa de mujer
y en el viendo cabello ondeantes.

Era mi propio destino
tras el que corrí, tropezando a veces, 
sin respirar,
toda mi vida.


*Poeta nacido en 1853, figura central del grupo Lumir, que influyó en la apertura a las letras europeas, y concretamente a las francesas, de la poesía checa.  









lunes, octubre 08, 2012

Vladimir Holan -Poemas selectos

Poemas
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De uno de los poetas más famosos de la literatura checa podemos encontrar una breve, pero útil, presentación aquí:


y una nota mucho más extensa en el siguiente link a Radio Praga


Por eso, y para evitar medien más palabras entre su poesía y el lector, transcribimos directamente, aquí abajo, cinco poemas.
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Ella

La belleza es de Dios. Pero la belleza seduce.
Desde el hombre en el paraíso hasta el forense ocupado
en una prostituta asesinada,
nos culpa de la soledad,
nos promete a la mujer como futuro, tal
como si concibiese una eternidad posterior incluso a Dios,
nos atormenta después con nuestro pavor -
y cuando estamos celosos sonríe maliciosamente
hasta allí donde la nostalgia nos transforma en el goce del mal...
 .
Comparada con la miseria -una certeza,
es demasiado vaga para hacer daño a los más...
¡Vista así, no observada!
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Encuentro V

Detenido por una mujer a la puerta de una ciudad desconocida
le supliqué: dejáme pasar, entraré solo
para salir enseguida, y de nuevo entraré
para volver a salir tan solo 
porque temo a la oscuridad como cualquier hombre.
Y ella me dijo: "¡Pues yo he deajado allí
la luz encendida!"
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De nuevo entonces

Aunque a veces ni mi amigo comprendía mis versos
(como hay seres que no pueden matar
aunque lo quisieran),
aunque me desesperaba, completamente abandonado
(como hay algunas estatuas que se atemorizaron
ante los pecados humanos, hasta el punto
de volverse de madera)
aunque no tenía más solución que el suicidio,
era siempre consciente de esto: ¡Convertirse en nada,
pero destruyéndolo todo, incluso esa misma nada!

Y entonces volví a amar de nuevo. 
.
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Te ha preguntado

Te ha preguntado una muchacha: ¿Qué es poesía?
quisiste decirle: El hecho de que existes, sí, de que existes
y que con temor y asombro,
testimonios del milagro,
envidio dolorosamente la plenitud de tu belleza,
y que no puedo besarte ni dormir contigo
y que nada poseo, y que a quien no puede hacer regalos
no le queda más remedio que cantar.

Pero no se lo has dicho, te has callado
y ella no ha oído esta canción.
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Encuentro en un ascensor

Entramos en la cabina y nos quedamos solos los dos.
nos miramos sin hacer nada más.
Dos vidas, un instante, la plenitud, la felicidad...
En el quinto piso ella salió, y yo, que iba más arriba, 
comprendí que nunca volvería a verla,
que nos habíamos encontrado una vez, para siempre,
que aun habiéndola seguido lo hubiera hecho como un muerto 
y que si ella hubiera vuelto a mí
no hubiera vuelto más que del otro mundo.

 

sábado, junio 23, 2012

Jaroslav Hasek -Presentación

Por Radko Pytlik, Primera entrega.
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Jaroslav Hasek, escritor y periodista checo se hizo célebre tanto por su obra literaria como por su vida. En el transcurso de su breve existencia (1883-1923), recorrió media Europa y medio Asia. Fue un hombre extraordinariamente activo y un trabajador infatigable. Escribió más de 1500  cuentos, apuntes y obras humorísticas, además de una extensa novela satírica Las aventuras del buen soldado Svejk que ha sido vertida a 53 idiomas.
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Siendo aún estudiante de la Academa Comercial, Hasek solía ir de vacaciones a Eslovaquia, Galitzia y Hungría. Una vez terminados sus estudios, y después de emplearse por una corta temporada como oficinista en un banco, se marcó a Macedonia para incorporarse a los insurgentes que allí luchaban. Regresó de la empresa amargado, desilucionado y se dio a la vagancia. Cuando por se volvió a asentar en Praga cambió el vagabundeo por la bohemia y la vida desenfrenada. Se reía de las autoridades mundiales y espirituales, reprobaba los abusos de la política patriotera, desenmascaraba los cliches y las maquinaciones políticas. La sociedad, ofendida, le pagaba con subestimación e incomprensión, a la cuales él contestaba, a veces, con un candor infantil, a veces, con una mueca desdeñosa. Como rey de la bohemia praguense de principios del siglo XX, Hasek desplegó el arte de la improvisación narrativa, para sacar de la banalidad y de la realidad de su época chispazos de humor moderno.
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Después vino la Primera Guerra Mundial. Hasek pasó por el apocalipsis del frente y del campo de prisioneros para acabar convirtiéndose en un participante activo de acontecimientos históricos trascendentales. La Revolución de Octubre significó para Hasek la confirmación histórica de su natural y espontánea convicción respecto de las posibilidades de abolir las peores lacras sociales que deforman al hombre y aniquilan todo lo  humano. La mejor demostración de la sinceridad e inflexibilidad del carácter de Hasek queda de manifiesto en el hecho de que arrancando de una protesta individual, más o menos espontanea, en contra de la monarquia austro-húngara llegó hasta las filas de las brigadas internacionales del Ejército Rojo en las que se destacó como periodista y funcionario político importante del V ejército.
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Hasek retornó de la Rusia Soviética a la Checoslovaquia recién creada.(...). Es por esa época que escribe su obra maestra Las aventuras del buen soldado Svejk.

Dedicatoria

domingo, diciembre 18, 2011

La política y la conciencia, de Vaclav Havel

Recordatorio. -Primera parte.
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Es paradójico: el hombre de la era de la ciencia y la técnica cree que puede mejorar la vida siendo capaz de comprender y aprovechar al carácter complejo de la naturaleza y las lees generales de su funcionamiento; y sin embargo, justo ese carácter complejo y estas leyes le cierran el camino al final y le engañan. Cree poder explicar la naturaleza y dominarla, y como resultado la destruye y se separa de ella. ¿Pero qué espera al hombre fuera de la naturaleza? No olvidemos que precisamente la ciencia moderna va averiguando que el cuerpo humano reprensa de hecho sólo una encrucijada especialmente frecuentada por decenas de millones de “microcorpúsculos” orgánicos y sus increíblemente complicados contactos e influencias mutuas que, juntos, crean ese “megaorganismo” increíble en que esta envuelto nuestro planeta que se llama biosfera.
La culpa no la tiene la ciencia como tal, sino el orgullo del hombre de la era científica. En pocas palabras, el hombre no es Dios y el juego a serlo se venga de él cruelmente. Ha abolido el horizonte absoluto hacia el que se elevaba, ha negado su experiencia “preobjetiva” personal del mundo y ha ahuyentado su conciencia personal al cuarto de baño de la vivienda, como algo íntimo que no importa a nadie más. Se liberado de su responsabilidad como si fuera “un fantasma de la subjetividad”, y en vez de todo ello ha instalado –como lo estamos descubriendo- el más peligroso de los fantasmas: la ficción de una objetividad liberada de la humanidad concreta, una construcción de la comprensión racional del universo, un esquema abstracto de la presunta “necesidad histórica” y para colmo, una visión del “bienestar de todos”, calculable sólo con ayuda de la ciencia y posible de ser obtenida solamente a base de una técnica inventada en los institutos de investigación y hecha realidad en las fábricas industriales y las de la burocracia. Este “hombre moderno” no está preocupado al ver que millones de personas murieron víctimas de esa quimera en los campos de concentración científicamente dirigidos (a no ser que él mismo aparezca en uno de ellos y ese medio le lance dramáticamente de nuevo a su mundo natural): es consciente de que el fenómeno de la misericordia personal con el prójimo pertenece al mundo derogado de los prejuicios personales que tuvo que ceder anta la Ciencia, la Objetividad, la Necesidad Histórica, la Técnica, el Sistema y el Aparato; y éstos no pueden sufrir, simplemente por no ser humanos. Son abstractos y anónimos, siempre eficientes y por ello a priori inocentes.
¿Y en cuánto al futuro? ¡Quien se interesará por él, o incluso sufriría por él, si a ese cuarto de baño de la vida íntima, relativamente el imperio de los cuentos de hadas, se ha llevado hasta la actitud de especie sub aeternitatis! Si el científico moderno estudia para saber qué será en 200 años, se siente tan sólo un observador sin interés personal a quien en realidad le da lo mismo investigar el metabolismo de una chinche, las señales electromagnéticas de pulsadores o las reservas planetarias del gas natural. ¿Y un político moderno? Éste ya no tiene ningún motivo personal para siquiera ocuparse de algo semejante, y menos aún si ese algo pudiera amenazar –en un país con elecciones- sus esperanzas.

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Hoy, 18 de diciembre de 2011, tras lidiar desde hace meses con sus complicaciones pulmonares, se fue de este mundo.


sábado, enero 01, 2011

La literatura bajo el régimen sovietico, por Ivan Klima

Diálogo con Philip Roth
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Durante los decenios que duró el régimen soviético, sólo existíió una forma en la que escribir y públicar fueran, más o menos, la misma cosa; y esta forma era escribir siempre (cueste lo que cueste y resignado lo que haya que resignar), siempre, a favor de ese régimen. Claro que hubieron excepciones, y que los grandes autores siguieron publicando, ya sea desde el exilio, durante los últimos años, o atraves de impresiones clandestinas, y artesanales, que de mano en mano y de copia en copia, iban pasandose aquellos que no se resignaban a leer una literatura cercada por la ideología y prohibida ante el más mínimo esbozo de la aparición de cualquier segunda lectura. De esta manera, el movimiento literario clandestino que se fue formando a través de la circulación de las obras prohibídas, bautizado como Samizdat ("autoedición" en ruso), se convirtió en una contracultura literaria encargada de dar aire a un pubelo sin respiro. Pero, sin embargo, y aún con la restricción, la censura, y las presiones propagandísticas que el paritdo marcaba, no dejaron de haber durante todos aquellos años autores publicados, obras elogiadas, escritores que caminaban de la mano junto al regimen y se hacían cargo de escribir las páginas que (ante la persecución y prohibición de autores) en retirada iban acrecentando, cada vez más, el vacio. Los autores oficiales hoy, y seguramente con justicia, han quedado casi todos olvidados, a la sombra de aquellos que, a costa de un precio no menor, no se resignaron a condicionar sus escritos. Pero, y pese a todo, esos escritores aún siguen estando, aunque más no sea en algun estante olvidado, o en algún baúl cerrado desde hace mucho tiempo; y, aún más importante, esos escritores han estado, y no hay manera de excluir del tiempo lo que ya ha sucedido. Para una futura historia de la literatura checa, ellos también deberán ser tenidos en cuenta, y formar parte, aunque más sea, de alguna parte de uno de sus capitulos. No hay manera de no citarlos, de no abarcarlos sin dejar un vacío insalvable en esa historia. Durante una importante cantidad de tiempo ellos han producido los libros con que se ha llenado los estantes vacíos que el exilio dejaba, y han cumplido, mal o bien, para muchos o para pocos, todos aquellos roles que un país libre ocupa el verdadero escritor. Ellos han sido los suplentes (en su mayoría nefastos, pero suplentes al fin) a los que durante años les ha tocado salir a cancha, y es imposible no contemplar la duda sobre si, aún con tanto en contra, entre tanta producción, no haya alguno que haya podido completar un desempeño loable.
Es este sentido, entiendo, que Phillip Roth dirige su pregunta a Ivan Klima durante la entrevista que tuvo lugar en Praga durante 1990. Roth revuelve en ese costado de literatura checa menos difundida y conocida, pero que no por eso ha dejado de existir, e interroga, de esta manera, sobre ese otro lado de la moneda.
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Los escritores oficiales, u oficializados, son una especie de pequeño misterio para mí. ¿Eran todos malos? ¿Eran todos escritores oportunistas? Digo "oportunistas" para no admitir que fueran auténticos escritores, porque, aunque haya podido haber verdaderos creyentes entre los escritores hasta unos diez años después de terminada la segunda guerra mundial, doy por sentado que durante el último decenio los escritores oficiales eran escritores de oportunidad, y nada más. Corrígeme si me equivoco. Y luego dime: ¿existía la posibilidad de ser un buen escritor respetando las normas oficiales? ¿O, como consecuencia de esta aceptación, todo lo que se escribía resultaba debilitado y puesto en entredicho?
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Es muy cierto que hay una diferencia básica entre los autores que apoyaron al régimen en los años cincuenta y los que lo apoyaron tras la coupación de 1968. Antes de la guerra, la llamada literatura de izquierdas desempeñó un papel relativamente importante. El hecho de que el ejército soviético liberara la mayor parte de nuestro territorio contribuyó a fortalecer esta tendencia a la izquierda; tambien el recuerdo de Munich y del abandono de Checoslovaquia por las potencias occidentales, a pesar de todas las promesas y todos los tratados. La generación más joven, especialmente, sucumbió al espejismo de esa sociedad renovada y más justa que los comunistas iban a crear. Fue precisamente esta generación la que no tardó en tomarle la verdadera medida al régimen, contribuyendo enormemente a la puesta en marcha del movimiento de la Primavera de Praga de 1968, y al desenmascaramiento de la dictadura stanilista.
A partir de 1968, había que ser un fanático enloquecido para seguir alimentando las ilusiones e posguerra. A ojos de toda la nación, el ejército soviético había dejado se ser una fuerza libertadora para convertirse en fuerza de ocupación, mientras el régimen que apoyaba dicha ocupación se convertía en una mera pandilla de colaboracionistas. Si un escritor no percibía tales cambios, su ceguera lo desposeía de todo derecho a incluirse entre los espíritus creadores; si los percibía, pero haciendo como que no se enteraba de nada, podemos, con toda justicia, considerarlo un oportunista. Es, seguramente, la denominación más bondadosa que podríamos darle.
La cuestión, por supuesto, está en el hecho de que el régimen no duró unos cuantos meses o años, sino dos decenios. Con lo cual, dejando aparte las excepciones -que el régimen persiguió con especial saña-, puede decirse que toda una generación de disidentes fue empujada al exilio a partir de finales de los setenta. Quienes se quedaron no tuvieron más remedio que aceptar el régimen, en alguna medida, o incluso apoyarlo. La televisión y la radioi tenían que funcionar, las editoriales tenían que presentar papeles cubiertos de letra impresa. Había personas muy decentes que pensaban: "Si no cojo este trabajo, alguien peor que yo lo cogerá. Si no escribo -si no intento hacer llegar un poco de verdad al lector, aunque sea colandola de matute-, sólo quedarán los que sirven al régimen con toda devoción y sin sentido crítico alguno."
No voy a decir que todo el que publicó algo durante los últimos veinte años fuera necesariamente un mal escritor. También es verdad que el gobierno, en un intento de ganarse a algunos escritores checos importantes, pronto empezó a publicar una parte de sus escritos. Así llegaron a editarse unas cuantas obras de Bohumil Hrabal y del poeta Miroslav Holub (que hicieron, ambos, la correspondiente autocrítica), y tambien poemas del premio Nobel Jaroslav Seifert, que firmó el Acta 77. Pero cabe afirmar categóricamente que el esfuerzo de publicar, de ir evitando todas las trampas de la censura, marcaron gravemente las obras de muchos de los autores que fueron publicados. He comparado cuidadosamente las obras de Hrabal -a mi modo de ver, es uno de los mayores prosistas europeos vivos-* publicadas primero en formato samizdat y luego en el extranjero con sus obras publicadas oficialmente en Checoslovaquia. Los cambios que, evidentemente, la censura le obligó a hacer son, desde el punto de vista de la obra, monstruosos en todo el sentido de la palabra. Pero aún, sin embargo, fue el hecho de que muchos escritores tuvieran en cuenta la censura a priori, deformando su obra y, en consecuencia, deformando su propia personalidad.
Hasta los ochenta no empezaron a aparecer "jóvenes airados", especialmente entre los escritores, la gente de teatro y los autores de canciones de protesta. Decían exactamente lo que querían decir y se arriesgaban a que sus obras no llegaran al público, e incluso a perder su medio de subsistencia. Ellos contribuyeron a que ahora tengamos una literatura libre, y no mera literatura.
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*Bohumil Hrabal murió en trágico accidente el 4 de febrero de 1997, a los ochenta y dos años, mucho después de esta entrevista.

sábado, diciembre 11, 2010

El gran Zatopek

y la novela de Jean Echenoz
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Emil Zatopec nació el 19 de septiembre de 1922, en Kropivnice, una localidad cercana a Ostrava, perteneciente hoy en día al territorio de la República Checa, pero que para aquellos años formaba parte de la flameante República Checoslovaca, que hacía apenas casi cuatro años, era presidida por su principal impulsor, Tomas G. Masaryk. Hijo de una familia humilde (de padre carpintero y madre ama de casa) contribuyó desde muy joven a la economía familar, no solo ayudando a su padre en los labores de la huerta, sino también trabajando en la fábrica de calzado Bata; fábrica que, de pura casualidad, y en contra de su voluntad (Zatopek llegó inlcuso a simular una lesión para no tener que participar del evento) lo impulsó a correr su primera carrera, en una de las tantas competiciones por ella organizada a fin de promover su calzado deportivo. Con el paso del tiempo la actividad irá ligandose a la vida del futuro atleta, lo descubrirán entrenadores, comenzará a particpar en competiciones cada vez más importantes, será revelación en los primeros campeonatos de Europa de posguerra, llegando quinto en su primer gran competencia, romperá una y otra vez los records nacionales, se inmiscuirá en la elite de corredores de fondo, ganará la medalla de oro (10.000 m.) y otra de plata (5.000), en los Juegos Olímpicos de Londres 48 y para Helsinky 52 se comenzará a convertir en uno de los atletas más importantes de la historia del deporte, consiguiendo tres medallas de oro en el lapso de una semana, en las tres pruebas más largas y cansadoras de toda la competencia: los 10.000 m., los 5.000 m. y, finalmente la maratón (42 Km.), competencia para la cual ni siquiera se había preparado, y a la que días antes lo terminó de convencer de participar su mujer, Dana Zatopkova, quien había ganado la medalla de oro en lanzamiento de jabalina, apenas unas horas después de que Emil consiguiera la suya en los 5000 metros.
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Jean Echenoz, novelista francés, nacido en Orange en 1947, finalizó de escribir este mismo año una novela (Correr) basada en la biografía de nuestro héroe. Pero allí no sólo se loan sus aptitudes atléticas y su logros deportivos. Ni se pinta de cuerpo entero su bondad, su humildad, su constante necesidad de aprehender y rescatar lo bueno que hay en cada persona y en cada región (Zatopek llegó a dominar nada menos que cinco idiomas) o su lealtad como deportista que lo hará merecedor de la admiración, cariño y respeto de todos sus adversarios. Se hace además hincapié en su otro destino (un tanto más trágico) impuesto por el socialismo sovietico invasor de la Checoslovaquia de Dubcek, luego de la pública defensa que Zatopec hiciera de las reformas propuestas por el mandatario eslovaco durante 1968, y de sus declaraciones de que mayor libertad era imprescindible para el pueblo Checoslovaco. Como tantos otros participes y simpatizante de la primavera de Praga, las condecoraciones, el rango de Coronel, su inmensa popularidad, y su tardes heróicas cargadas de medalla no lo salvaron del destierro, y fue enviado a Jachymov, lejos de Praga (donde seguiría teniendo residencia su mujer) a trabajar en las minas de uranio. Más tarde será convertido en basurero, y luego en "geólogo", esto último a fin de poder cumplir las colocación de postes para el tendido eléctrico.
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Dos extractos, entonces, de la novela, tenemos el gusto de presentar. El primero, relacionado a sus tardes de glorias, donde batía records, arrasaba competencia
y acumulaba medallas; el segundo aquel que ilustra sus otras carreras, ya como recolector de basura, en las que el pueblo checoslovaco lo sigue acompañando y adorando como a un héroe, porque para aquellos que se han ganado el cariño popular no existen desiciones y condenas políticas que alcancen para robarles el amor y el cariño que de un pueblo han sabido ganarse.
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Hay corredores que parecen volar, otros bailar, otros desfilar, otros parecen avanzar como sentados sobre las piernas. Algunos dan tan sólo la impresión de ir lo más rápido posible a donde acaban de llamarlos. Emil, nada de todo eso.
Emil parece que encoja y desencoja como si cavara, como en trance. Lejos de los cánones académicos y de cualquier prurito de elegancia, Emil avanza de manera pesada, discontinua, torturada, a intermitencias. No oculta la violencia de su esfuerzo, que se trasluce en su rostro crispado, tetanizado, gesticulante, continuamente crispado por un rictus que resulta ingrato a la vista. Sus rasgos se distorcionan como desgarrados por un horrible sufrimiento, la lengua afuera intermitentemente, como si tuviera un escorpión alojado en cada zapatilla de deporte.
Está como ausente cuando corre, tremendamente ausente, tan concentrado que ni parece estar cuando esta ahí más que nadie, y su cabeza, encojida entre los hombros, sobre el cuello siempre inclinado sobre el mismo lado, se balancea sin cesar, se bambolea y oscila de derecha a izquierda.
Puños cerrados, contorcionando caóticamente el tronco, Emil hace también todo tipo de cosas con los brazos. Cuando todo el mundo os dirá que se corre con los brazos. A fin de propulsar mejor el cuerpo, los miembros superiores deben utilizarse para aligerar las piernas de su propio peso: en las pruebas de fondo, el mínimo de movimiento con cabeza y brazos mejora el rendimiento. Pues Emil hace exactamente lo contrario, parece correr sin que le importen los brazos, cuya impulsión convulsiva arranca de demasiado arriba, describiendo curiosos desplazamientos, a ratos alzados o proyectados hacia atrás, colgando o abandonados a una absurda gesticulación, y sacude también los hombros levantado exageradamente los codos como si transportase una carga demasiado pesada. Mientras corre parece un boxeador luchando contra su sombra, por lo que todo su cuerpo, se asemeja a un mecanismo descompuesto, dislocado, doloroso, saslvo la armonía de sus piernas, que muerden y mastican la pista con voracidad. En suma, no hace nada como los demás, que a veces piensan que actua atolondradamente.
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Y mucho más adelante:
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Al cabo de esos seis años, la hermana mayor del socialismo y sus apoderados praguenses, que han convertido a Alexander Dubcek en jardinero, deciden que Emil regrese a la capital, pues se les ha ocurrido de ascenderlo y convertirlo en basurero. La idea parece buena, ya que la intención es humillarlo, pero no tarde en demostrarse que no es tan buena. En primer lugar, cuando Emil recorre las calles de la ciudad tras el camión con su escoba, la gente lo reconoce de inmediato y todo el mundo se asoma a las ventanas para ovacionarlo. En segundo lugar, como sus compañeros de trabajo se niegan a que él recoga la basura, se limita a correr a pequeñas zancadas, en medio de los gritos de aliento como antes. Todas las mañanas, a su paso, los habitantes del barrio donde le toca trabajar a su equipo bajan a la calle para aplaudirle, vaciando ellos mismos su cubo en el camión. No ha habido en el mundo basurero tan aclamado. Desde el punto de vista de los apoderados, la operación resulta un fracaso.

Emil Zatopec