domingo, diciembre 18, 2011

La política y la conciencia, de Vaclav Havel

Recordatorio. -Primera parte.
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Es paradójico: el hombre de la era de la ciencia y la técnica cree que puede mejorar la vida siendo capaz de comprender y aprovechar al carácter complejo de la naturaleza y las lees generales de su funcionamiento; y sin embargo, justo ese carácter complejo y estas leyes le cierran el camino al final y le engañan. Cree poder explicar la naturaleza y dominarla, y como resultado la destruye y se separa de ella. ¿Pero qué espera al hombre fuera de la naturaleza? No olvidemos que precisamente la ciencia moderna va averiguando que el cuerpo humano reprensa de hecho sólo una encrucijada especialmente frecuentada por decenas de millones de “microcorpúsculos” orgánicos y sus increíblemente complicados contactos e influencias mutuas que, juntos, crean ese “megaorganismo” increíble en que esta envuelto nuestro planeta que se llama biosfera.
La culpa no la tiene la ciencia como tal, sino el orgullo del hombre de la era científica. En pocas palabras, el hombre no es Dios y el juego a serlo se venga de él cruelmente. Ha abolido el horizonte absoluto hacia el que se elevaba, ha negado su experiencia “preobjetiva” personal del mundo y ha ahuyentado su conciencia personal al cuarto de baño de la vivienda, como algo íntimo que no importa a nadie más. Se liberado de su responsabilidad como si fuera “un fantasma de la subjetividad”, y en vez de todo ello ha instalado –como lo estamos descubriendo- el más peligroso de los fantasmas: la ficción de una objetividad liberada de la humanidad concreta, una construcción de la comprensión racional del universo, un esquema abstracto de la presunta “necesidad histórica” y para colmo, una visión del “bienestar de todos”, calculable sólo con ayuda de la ciencia y posible de ser obtenida solamente a base de una técnica inventada en los institutos de investigación y hecha realidad en las fábricas industriales y las de la burocracia. Este “hombre moderno” no está preocupado al ver que millones de personas murieron víctimas de esa quimera en los campos de concentración científicamente dirigidos (a no ser que él mismo aparezca en uno de ellos y ese medio le lance dramáticamente de nuevo a su mundo natural): es consciente de que el fenómeno de la misericordia personal con el prójimo pertenece al mundo derogado de los prejuicios personales que tuvo que ceder anta la Ciencia, la Objetividad, la Necesidad Histórica, la Técnica, el Sistema y el Aparato; y éstos no pueden sufrir, simplemente por no ser humanos. Son abstractos y anónimos, siempre eficientes y por ello a priori inocentes.
¿Y en cuánto al futuro? ¡Quien se interesará por él, o incluso sufriría por él, si a ese cuarto de baño de la vida íntima, relativamente el imperio de los cuentos de hadas, se ha llevado hasta la actitud de especie sub aeternitatis! Si el científico moderno estudia para saber qué será en 200 años, se siente tan sólo un observador sin interés personal a quien en realidad le da lo mismo investigar el metabolismo de una chinche, las señales electromagnéticas de pulsadores o las reservas planetarias del gas natural. ¿Y un político moderno? Éste ya no tiene ningún motivo personal para siquiera ocuparse de algo semejante, y menos aún si ese algo pudiera amenazar –en un país con elecciones- sus esperanzas.

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Hoy, 18 de diciembre de 2011, tras lidiar desde hace meses con sus complicaciones pulmonares, se fue de este mundo.


sábado, enero 01, 2011

La literatura bajo el régimen sovietico, por Ivan Klima

Diálogo con Philip Roth
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Durante los decenios que duró el régimen soviético, sólo existíió una forma en la que escribir y públicar fueran, más o menos, la misma cosa; y esta forma era escribir siempre (cueste lo que cueste y resignado lo que haya que resignar), siempre, a favor de ese régimen. Claro que hubieron excepciones, y que los grandes autores siguieron publicando, ya sea desde el exilio, durante los últimos años, o atraves de impresiones clandestinas, y artesanales, que de mano en mano y de copia en copia, iban pasandose aquellos que no se resignaban a leer una literatura cercada por la ideología y prohibida ante el más mínimo esbozo de la aparición de cualquier segunda lectura. De esta manera, el movimiento literario clandestino que se fue formando a través de la circulación de las obras prohibídas, bautizado como Samizdat ("autoedición" en ruso), se convirtió en una contracultura literaria encargada de dar aire a un pubelo sin respiro. Pero, sin embargo, y aún con la restricción, la censura, y las presiones propagandísticas que el paritdo marcaba, no dejaron de haber durante todos aquellos años autores publicados, obras elogiadas, escritores que caminaban de la mano junto al regimen y se hacían cargo de escribir las páginas que (ante la persecución y prohibición de autores) en retirada iban acrecentando, cada vez más, el vacio. Los autores oficiales hoy, y seguramente con justicia, han quedado casi todos olvidados, a la sombra de aquellos que, a costa de un precio no menor, no se resignaron a condicionar sus escritos. Pero, y pese a todo, esos escritores aún siguen estando, aunque más no sea en algun estante olvidado, o en algún baúl cerrado desde hace mucho tiempo; y, aún más importante, esos escritores han estado, y no hay manera de excluir del tiempo lo que ya ha sucedido. Para una futura historia de la literatura checa, ellos también deberán ser tenidos en cuenta, y formar parte, aunque más sea, de alguna parte de uno de sus capitulos. No hay manera de no citarlos, de no abarcarlos sin dejar un vacío insalvable en esa historia. Durante una importante cantidad de tiempo ellos han producido los libros con que se ha llenado los estantes vacíos que el exilio dejaba, y han cumplido, mal o bien, para muchos o para pocos, todos aquellos roles que un país libre ocupa el verdadero escritor. Ellos han sido los suplentes (en su mayoría nefastos, pero suplentes al fin) a los que durante años les ha tocado salir a cancha, y es imposible no contemplar la duda sobre si, aún con tanto en contra, entre tanta producción, no haya alguno que haya podido completar un desempeño loable.
Es este sentido, entiendo, que Phillip Roth dirige su pregunta a Ivan Klima durante la entrevista que tuvo lugar en Praga durante 1990. Roth revuelve en ese costado de literatura checa menos difundida y conocida, pero que no por eso ha dejado de existir, e interroga, de esta manera, sobre ese otro lado de la moneda.
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Los escritores oficiales, u oficializados, son una especie de pequeño misterio para mí. ¿Eran todos malos? ¿Eran todos escritores oportunistas? Digo "oportunistas" para no admitir que fueran auténticos escritores, porque, aunque haya podido haber verdaderos creyentes entre los escritores hasta unos diez años después de terminada la segunda guerra mundial, doy por sentado que durante el último decenio los escritores oficiales eran escritores de oportunidad, y nada más. Corrígeme si me equivoco. Y luego dime: ¿existía la posibilidad de ser un buen escritor respetando las normas oficiales? ¿O, como consecuencia de esta aceptación, todo lo que se escribía resultaba debilitado y puesto en entredicho?
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Es muy cierto que hay una diferencia básica entre los autores que apoyaron al régimen en los años cincuenta y los que lo apoyaron tras la coupación de 1968. Antes de la guerra, la llamada literatura de izquierdas desempeñó un papel relativamente importante. El hecho de que el ejército soviético liberara la mayor parte de nuestro territorio contribuyó a fortalecer esta tendencia a la izquierda; tambien el recuerdo de Munich y del abandono de Checoslovaquia por las potencias occidentales, a pesar de todas las promesas y todos los tratados. La generación más joven, especialmente, sucumbió al espejismo de esa sociedad renovada y más justa que los comunistas iban a crear. Fue precisamente esta generación la que no tardó en tomarle la verdadera medida al régimen, contribuyendo enormemente a la puesta en marcha del movimiento de la Primavera de Praga de 1968, y al desenmascaramiento de la dictadura stanilista.
A partir de 1968, había que ser un fanático enloquecido para seguir alimentando las ilusiones e posguerra. A ojos de toda la nación, el ejército soviético había dejado se ser una fuerza libertadora para convertirse en fuerza de ocupación, mientras el régimen que apoyaba dicha ocupación se convertía en una mera pandilla de colaboracionistas. Si un escritor no percibía tales cambios, su ceguera lo desposeía de todo derecho a incluirse entre los espíritus creadores; si los percibía, pero haciendo como que no se enteraba de nada, podemos, con toda justicia, considerarlo un oportunista. Es, seguramente, la denominación más bondadosa que podríamos darle.
La cuestión, por supuesto, está en el hecho de que el régimen no duró unos cuantos meses o años, sino dos decenios. Con lo cual, dejando aparte las excepciones -que el régimen persiguió con especial saña-, puede decirse que toda una generación de disidentes fue empujada al exilio a partir de finales de los setenta. Quienes se quedaron no tuvieron más remedio que aceptar el régimen, en alguna medida, o incluso apoyarlo. La televisión y la radioi tenían que funcionar, las editoriales tenían que presentar papeles cubiertos de letra impresa. Había personas muy decentes que pensaban: "Si no cojo este trabajo, alguien peor que yo lo cogerá. Si no escribo -si no intento hacer llegar un poco de verdad al lector, aunque sea colandola de matute-, sólo quedarán los que sirven al régimen con toda devoción y sin sentido crítico alguno."
No voy a decir que todo el que publicó algo durante los últimos veinte años fuera necesariamente un mal escritor. También es verdad que el gobierno, en un intento de ganarse a algunos escritores checos importantes, pronto empezó a publicar una parte de sus escritos. Así llegaron a editarse unas cuantas obras de Bohumil Hrabal y del poeta Miroslav Holub (que hicieron, ambos, la correspondiente autocrítica), y tambien poemas del premio Nobel Jaroslav Seifert, que firmó el Acta 77. Pero cabe afirmar categóricamente que el esfuerzo de publicar, de ir evitando todas las trampas de la censura, marcaron gravemente las obras de muchos de los autores que fueron publicados. He comparado cuidadosamente las obras de Hrabal -a mi modo de ver, es uno de los mayores prosistas europeos vivos-* publicadas primero en formato samizdat y luego en el extranjero con sus obras publicadas oficialmente en Checoslovaquia. Los cambios que, evidentemente, la censura le obligó a hacer son, desde el punto de vista de la obra, monstruosos en todo el sentido de la palabra. Pero aún, sin embargo, fue el hecho de que muchos escritores tuvieran en cuenta la censura a priori, deformando su obra y, en consecuencia, deformando su propia personalidad.
Hasta los ochenta no empezaron a aparecer "jóvenes airados", especialmente entre los escritores, la gente de teatro y los autores de canciones de protesta. Decían exactamente lo que querían decir y se arriesgaban a que sus obras no llegaran al público, e incluso a perder su medio de subsistencia. Ellos contribuyeron a que ahora tengamos una literatura libre, y no mera literatura.
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*Bohumil Hrabal murió en trágico accidente el 4 de febrero de 1997, a los ochenta y dos años, mucho después de esta entrevista.


sábado, diciembre 11, 2010

El gran Zatopek

y la novela de Jean Echenoz
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Emil Zatopec nació el 19 de septiembre de 1922, en Kropivnice, una localidad cercana a Ostrava, perteneciente hoy en día al territorio de la República Checa, pero que para aquellos años formaba parte de la flameante República Checoslovaca, que hacía apenas casi cuatro años, era presidida por su principal impulsor, Tomas G. Masaryk. Hijo de una familia humilde (de padre carpintero y madre ama de casa) contribuyó desde muy joven a la economía familar, no solo ayudando a su padre en los labores de la huerta, sino también trabajando en la fábrica de calzado Bata; fábrica que, de pura casualidad, y en contra de su voluntad (Zatopek llegó inlcuso a simular una lesión para no tener que participar del evento) lo impulsó a correr su primera carrera, en una de las tantas competiciones por ella organizada a fin de promover su calzado deportivo. Con el paso del tiempo la actividad irá ligandose a la vida del futuro atleta, lo descubrirán entrenadores, comenzará a particpar en competiciones cada vez más importantes, será revelación en los primeros campeonatos de Europa de posguerra, llegando quinto en su primer gran competencia, romperá una y otra vez los records nacionales, se inmiscuirá en la elite de corredores de fondo, ganará la medalla de oro (10.000 m.) y otra de plata (5.000), en los Juegos Olímpicos de Londres 48 y para Helsinky 52 se comenzará a convertir en uno de los atletas más importantes de la historia del deporte, consiguiendo tres medallas de oro en el lapso de una semana, en las tres pruebas más largas y cansadoras de toda la competencia: los 10.000 m., los 5.000 m. y, finalmente la maratón (42 Km.), competencia para la cual ni siquiera se había preparado, y a la que días antes lo terminó de convencer de participar su mujer, Dana Zatopkova, quien había ganado la medalla de oro en lanzamiento de jabalina, apenas unas horas después de que Emil consiguiera la suya en los 5000 metros.
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Jean Echenoz, novelista francés, nacido en Orange en 1947, finalizó de escribir este mismo año una novela (Correr) basada en la biografía de nuestro héroe. Pero allí no sólo se loan sus aptitudes atléticas y su logros deportivos. Ni se pinta de cuerpo entero su bondad, su humildad, su constante necesidad de aprehender y rescatar lo bueno que hay en cada persona y en cada región (Zatopek llegó a dominar nada menos que cinco idiomas) o su lealtad como deportista que lo hará merecedor de la admiración, cariño y respeto de todos sus adversarios. Se hace además hincapié en su otro destino (un tanto más trágico) impuesto por el socialismo sovietico invasor de la Checoslovaquia de Dubcek, luego de la pública defensa que Zatopec hiciera de las reformas propuestas por el mandatario eslovaco durante 1968, y de sus declaraciones de que mayor libertad era imprescindible para el pueblo Checoslovaco. Como tantos otros participes y simpatizante de la primavera de Praga, las condecoraciones, el rango de Coronel, su inmensa popularidad, y su tardes heróicas cargadas de medalla no lo salvaron del destierro, y fue enviado a Jachymov, lejos de Praga (donde seguiría teniendo residencia su mujer) a trabajar en las minas de uranio. Más tarde será convertido en basurero, y luego en "geólogo", esto último a fin de poder cumplir las colocación de postes para el tendido eléctrico.
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Dos extractos, entonces, de la novela, tenemos el gusto de presentar. El primero, relacionado a sus tardes de glorias, donde batía records, arrasaba competencia
y acumulaba medallas; el segundo aquel que ilustra sus otras carreras, ya como recolector de basura, en las que el pueblo checoslovaco lo sigue acompañando y adorando como a un héroe, porque para aquellos que se han ganado el cariño popular no existen desiciones y condenas políticas que alcancen para robarles el amor y el cariño que de un pueblo han sabido ganarse.
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Hay corredores que parecen volar, otros bailar, otros desfilar, otros parecen avanzar como sentados sobre las piernas. Algunos dan tan sólo la impresión de ir lo más rápido posible a donde acaban de llamarlos. Emil, nada de todo eso.
Emil parece que encoja y desencoja como si cavara, como en trance. Lejos de los cánones académicos y de cualquier prurito de elegancia, Emil avanza de manera pesada, discontinua, torturada, a intermitencias. No oculta la violencia de su esfuerzo, que se trasluce en su rostro crispado, tetanizado, gesticulante, continuamente crispado por un rictus que resulta ingrato a la vista. Sus rasgos se distorcionan como desgarrados por un horrible sufrimiento, la lengua afuera intermitentemente, como si tuviera un escorpión alojado en cada zapatilla de deporte.
Está como ausente cuando corre, tremendamente ausente, tan concentrado que ni parece estar cuando esta ahí más que nadie, y su cabeza, encojida entre los hombros, sobre el cuello siempre inclinado sobre el mismo lado, se balancea sin cesar, se bambolea y oscila de derecha a izquierda.
Puños cerrados, contorcionando caóticamente el tronco, Emil hace también todo tipo de cosas con los brazos. Cuando todo el mundo os dirá que se corre con los brazos. A fin de propulsar mejor el cuerpo, los miembros superiores deben utilizarse para aligerar las piernas de su propio peso: en las pruebas de fondo, el mínimo de movimiento con cabeza y brazos mejora el rendimiento. Pues Emil hace exactamente lo contrario, parece correr sin que le importen los brazos, cuya impulsión convulsiva arranca de demasiado arriba, describiendo curiosos desplazamientos, a ratos alzados o proyectados hacia atrás, colgando o abandonados a una absurda gesticulación, y sacude también los hombros levantado exageradamente los codos como si transportase una carga demasiado pesada. Mientras corre parece un boxeador luchando contra su sombra, por lo que todo su cuerpo, se asemeja a un mecanismo descompuesto, dislocado, doloroso, saslvo la armonía de sus piernas, que muerden y mastican la pista con voracidad. En suma, no hace nada como los demás, que a veces piensan que actua atolondradamente.
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Y mucho más adelante:
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Al cabo de esos seis años, la hermana mayor del socialismo y sus apoderados praguenses, que han convertido a Alexander Dubcek en jardinero, deciden que Emil regrese a la capital, pues se les ha ocurrido de ascenderlo y convertirlo en basurero. La idea parece buena, ya que la intención es humillarlo, pero no tarde en demostrarse que no es tan buena. En primer lugar, cuando Emil recorre las calles de la ciudad tras el camión con su escoba, la gente lo reconoce de inmediato y todo el mundo se asoma a las ventanas para ovacionarlo. En segundo lugar, como sus compañeros de trabajo se niegan a que él recoga la basura, se limita a correr a pequeñas zancadas, en medio de los gritos de aliento como antes. Todas las mañanas, a su paso, los habitantes del barrio donde le toca trabajar a su equipo bajan a la calle para aplaudirle, vaciando ellos mismos su cubo en el camión. No ha habido en el mundo basurero tan aclamado. Desde el punto de vista de los apoderados, la operación resulta un fracaso.

Emil Zatopec

miércoles, mayo 12, 2010

Cartas escogidas

de Franz Kafka
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Tres cartas del autor praguense dirigidas a Max Brod publicamos. En las primeras aparecen dos costados no demasiado difundidos del autor. El humor (aspecto sobre el cual no deja de llamar la atención Milan Kundera a la hora de referirse a su obra) y la crítica literaria.
La última permite introducirnos, al menos por unos instantes, en el pensamiento del gran autor al repecto de su propia obra. En ella Kafka hace referencia a su primer novela conocida primeramente como América, y más tarde también como El fogonero y El desaparecido.

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Carta-tarjeta. 7 de junio 1906.
Durante algun tiempo, mi estimado, no podré ir a ninguna parte. El decano ha cometido la imprudencia de adelantar mi fecha de examen y, debido a que me dio verguenza ser más sensato que él, no hice ninguna objeción.
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Un historiador de la literatura me dijo ayer de forma muy enfática: Max Brod es un verdadero poeta
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Te saludo afectuasemente
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.................................................................Franz.
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Carta, probablemente 11 de abril de 1909. (Extracto).
Ayer hablamos de una historia de Hamsum, yo conté cómo el hombre se sienta en un coche de caballos delante del hotel, eso no era realmente así. El hombre está sentado junto a una mesa en algún sitio en un restaurante y, sobre todo, está con una muchacha a la que ama. Pero en otra mesa de este restaurante hay un individuo joven al que, a su vez, ama la muchacha. Por medio de algún artificio, el hombre trae al individuo joven a su mesa. El individuo joven se sienta junto a la muchacha, el hombre se pone de pie, en todo caso después de un breve instante, probablemente se afirme en el respaldo del sillón, y dice acercandose lo más posible a la verdad: "Señores -lo lamento mucho-, usted, señorita Elisabeth, hoy una vez más me ha embelesado completamente, pero ya comprendo que no podré hacerla mía -y eso me resulta un misterio-". Esta última frase, es un pasaje en que la historia se destruye a sí misma en presencia del lector o al menos se oscurece, no, se empequeñece, se distancia, de modo que el lector, para no perderla, ha de penetrar en un territorio evidentemente vallado. -Si no te va bien, escríbeme.
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.................................................................Tu Franz.
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Carta, 22 de julio de 1912. (Extracto).
También aquí escribo, muy poco desde luego, me lamento de mí mismo y también me alegro; éste es el modo en que las mujeres piadosos rezan a Dios, pero en las historias bíblicas se accede a Dios de otra forma. Tú, Max, tienes entender que deberá pasar mucho tiempo antes de que pueda mostrar lo que ahora te escribo a tí, y aunque sólo sea por mí. Está elaborado sobre la base de pequeñas piezas más bien alineadas que entrelazadas; durante mucho tiempo seguirá por un camino recto, antes de llegar a formar el círculo deseado, y en aquel instante, en función del cual trabajo, las cosas no resultarán en absoluto más faciles, mucho más probable es que, habiendo sido inseguro, pierda la cabeza. Por esto, será algo de lo que se pueda hablar solamente cuando concluya la primera versión.
(...)
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............................................... ..................Franz.



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miércoles, abril 28, 2010

Stanislav K. Neumann

PRESENTACIÓN
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Stanislav Kostka Neumann nació en Praga en 1875 y vivió hasta 1947, es decir, hasta unos meses antes que ocurriera el golpe que instauraría el régimen comunista en febrero de 1948. En todo ese tiempo fue poeta, ensayista, fundó revistas, fue anarquista en su juventud -lo que le concedió experimentar la carcel en época del imperio Austro-Hungaro-, se afilió al Partido Comunista -distanciandose en 1929 (junto a otros pocos intelectuales) por el acercamiento de éste al stalinismo, volviendo a él un tiempo más tarde. En comunión con sus creencias políticas defendió la literatura proletaria y, más tarde, el realismo socialista, quedando relacionada, gran parte de su obra, a tales mandatos. En su juventud, y también en concordancia con sus ideas políticas, había resaltado al individuo en confrontación con ell mundo. Los títulos más destacados de su obra tal vez sean Libro de juventud y porfía (donde reúne sus primeros cinco libros de poemas), Cantos rojos y Sonata de la vida horizontal (ambas, obras íntimamente relacionadas a sus creencias políticas y que dan muestra de la vinculación que para el autor existía entre unas y otra). El libro de los bosques, aguas y laderas que junto a Cantos nuevos, muestran una faceta mucho más lírica y pura, siendo los que finalmente lo convertirían en un clásico de la poesía checa del siglo XX.
Acorde a sus títulos, el primero canta a la imponente naturaleza de Moravia; el segundo -aproximándose al futurismo- "a los objetos más triviales de la civilización moderna (los hilos del telégrafo, los farolillos de los burdeles, etc)" tal como describe el eslavista español Alejandro Hermida de Blas.
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Pero además de su valor intrínsico como poeta y literato, la figura de Stanislav K. Neumann adquiere valor por su activismo en la difusión de la cultura checa, y, en especial, en por su colaboración con los jovenes poetas surgientes que luego conformarían el poetismo checo. De esta manera sería una factor determinante en los inicios de del fúturo nobel Jaroslav Seiferte, según él mismo cuenta en su memorias Toda la belleza del mundo:
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"En el comienzo de los años veinte, cuando ya me había despedido para siempre de la
idea de que, como estudiatne externo, llegaría a acabar el bachillerato -por cierto que todavía me acosa la pesadilla de que aún me epsera el horrible examen-, S.K. Neumann me preguntó, con tono amistoso en el que no dejé de notar un poco de severidad, cómo imaginaba mi futura existencia. Esta pregunta me sorprendió un poco, viniendo de Neumann, pero no tanto como para desconcertarme.
Escribiré poesía.
Neumann sonrió, me echó un brazo sobre los hombres y nos fuimosa tomar una cerveza. Al cabo de una semana, me encontró un empleo en una editorial comunista de Praga. (...).
Neumann venía a menudo a la editorial. A veces le pedía al jefe que me diera permiso para salir y nos íbamos a tomar unas copitas de vino. Bebiendo, hacíamos proyectos o dirigíamos la revista Reflektor. Neumann llevaba en la cartera toda la redacción. En una de estas reuniones, me preguntó cuántos poemas había escrito hasta entonces. Que lo mirara en casa. Aquella misma noche ordené todos mis manuscritos y al dia siguiente se los llevé.
Neumann me ordenó los manuscritos de una manera diferente, expresó que estaba de acuerdo con el título y me recomendó que me los hiciera pasar a máquina y que diera una copia a la editorial y otra a Teige; él seguramente me dibujaría la portada y el frontispicio. (...). Al cabo de un mes encontré sobre mi
escritorio las pruebas de imprenta. Escribí en ellas una dedicatoria a Neumann y un mes después el libro estaba hecho.
Trajeron los ejemplares en una gran caja y, cuando el empleado se puso a abrir la tapa estaba excitadísimo.
El primer ejemplar se lo dediqué a mi futura mujer, el segundo a Neumann, y el tercero me lo metí en el bolsillo. Vi a Neumann al dia siguiente. Hojeó rápidamente el libro y cuando leyó la dedicatoria, para mi sorpresa, me miró con un gesto de reproche. Guardó el libro en la cartera y me dijo:
-Recuerde que un poema no es ningun acontecimiento y el primer libro, como la primera golondrina, todavía no hace un poeta."
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Pero además sería el mismo Neumann quien presentara a Seifert a Karel Teige, de alguna manera la voz cantante de Devetsil: "Aquí tienes a uno más. Todavía no es nada, pero seguramente será un poeta lírico. Ocúpate de él y ya veremos. Tengo aqui algo suyo y no está mal del todo." En otras páginas de las memorias de Seifert volverá a aparecer la figura de Neumann, ya sea por su trabajo difundiendo la obra de los nuevos poetas, ya sea polemizando con ellos; incluyendo, por supuestos, a sus cercanos Teige y a Jaroslav Seifert mismo.

martes, julio 14, 2009

Tema del traidor y del héroe –Segunda parte.

TOMAS G. MASARYK
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Otras páginas célebres ha escrito Borges sobre el tema. En una de ellas (podremos obivar aquí sus conjeturaciones sobre Judas y la revelación de su naturaleza heroica y hasta divina), en una de ellas, decíamos, el héroe se encuentra detrás de la figura del traidor. Más aún la traición es pieza indispensable para la aparición del héroe. Es sobre el camino de la traición por donde el héroe avanza. La sublimación en este caso reside en la estimación de un nuevo valor insurgente sobre aquellos añejos que se mantienen y respetan por tradición y acostumbramiento, más que por la convicción que cada ideal debería despertar en el hombre. Así es en el caso de la “Biografía de Tadeo Isidoro Cruz”, ese personaje del Martín Fierro, de José Hernández, que desoye su deber de sargento y combate de repente contra su propia partida a fin de no permitir que se mate a un valiente:
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El criminal salió de la guarida para pelearlos. Cruz lo entrevió, terrible; la crecida melena y la barba gris parecían comerle la cara. Un motivo notorio me veda referir la pelea. Básteme recordar que el desertor malhirió o mató a varios de los hombre de Cruz. Éste, mientras combatía en la oscuridad (mientras su cuerpo combatía en la oscuridad), empezó a comprender. Comprendió que un destino no es mejor que otro, pero que todo hombre debe acatar el que llevo dentro. Comprendió que las jinetas y el uniforme ya le estorbaban. Comprendió su íntimo destino de lobo, no de de perro gregario; comprendió que el otro era él. Amanecía en la desaforada llanura; Cruz arrojó por tierra el quepis, gritó que no iba a consentir el delito de que se matara a un valiente y se puso a pelear contra los soldados, junto al desertor Martín Fierro.

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El culto del coraje, de los orígenes, de la naturaleza de cada hombre, de la rebeldía, pero por sobre todas las cosas de libertad individual del hombre se anteponen en esta escena a los de la patria, el deber y la obediencia. En su libro sobre Tomás Masaryk, que recapitula los coloquios que su autor mantuvo con el fundador del la primera república, Emil Ludwing recoge la narración de Masaryk de cómo fue formado el primer ejercito checo, ese ejercito que respondía a un hombre y no a un estado, que aún no había nacido y que empujaba por nacer. El mismo que –tal como Tadeo Isidoro Cruz lo hiciera- se erigiría a partir de la traición, esta vez no a la patria, pero sí al deber, a la obediencia y a un imperio que (sólo basta con recordar a Svejk) ningún checo sentía suyo.
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La nación checa se conocía menos. Como teníamos que llamar la atención del mundo hacia nosotros, era, pues, necesario mostrar a los aliados algo más que nuestra historia y nuestras reivindicaciones de derecho. ¿Qué sucedió con los miles de desertores checoslovacos que se pasaron a los rusos, al escuchar, allá en las trincheras, sus canciones populares? Reuní, pues, primeramente a aquéllos. Yo presentía que debíamos luchar y no sólo reducirnos a gritar nuestros derechos contra Austria y Hungría. Con métodos de profesor no iba yo a ir muy lejos. Cuando todo el mundo empuñaba el fusil, también debía empuñarlo yo. . Cuando hace poco, alababa la hospitalidad de los rusos, pensé que aquella era más bien debida a la falta de distracción de la gente en el campo. Muchos soldados se aburrían también en el cautiverio, y estaban deseosos de poder emprender alguna acción. Además, la legión garantizaba el pan y la seguridad. Pero en su mayoría se mostraron entusiasmados, y políticamente maduros y decididos. La idea de luchar contra Austria-Hungría nació espontáneamente en todos los países aliados. Yo hablé al respecto en Praga, al principio de la guerra, con un paisano que se había naturalizado en Estados Unidos y quien, luego (Estados Unidos seguía siendo aún neutral), se fue a ver a los compatriotas radicados en todos los países aliados, llevándoles el mensaje. En Francia, donde no había ningún checo prisionero, se presentaron al ejército francés los colonizadores, en su mayor parte obreros, para luchar contra Austria. Más tarde formaron grupos voluntarios dentro de un regimiento. Cuando se ensayó lo mismo en Rusia, el gobierno zarista calificó esta actitud de traición al emperador Francisco José, y el enrolamiento de los checos prisioneros fue rechazado, aduciéndose que no se podía fiar en “semejante traidores”. ¿Qué es, pues, legalidad? Los emperadores se ayudan entre sí, aun cuando oficialmente estén en guerra. Solamente al caer el zar y subir al poder Miljukow, a quien ya conocía yo de antes, obtuvieron nuestros prisioneros el permiso de organizarse y de participar en la guerra. Pero ya en 1914 se habían formado grupos especiales en el ejército con los checos y eslovacos residentes en Rusia.

Tema del traidor y del héroe –Primera parte.

JULIUS FUCIK
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Dentro de la historia se han tejido siempre las tramas de traidores y de héroes. Antítesis no paralelas, la figura del primero contempla una complejidad que los segundos no precisan. Sobre ambos tópicos ha escrito más de una página valiosa Jorge Luís Borges. En “La forma de la espada” se nos narra la historia de una traición. Esa traición es efectuada por el segundo narrador del relato (es decir, aquél que narra la historia de la traición propiamente dicha y no por el narrador que oficia de presentador y medio para llegar a la trama), pero de ello sólo nos enteraremos al final; para que, según el propio texto especifica, su interlocutor quedara "oyendola hasta el final". En su Reportaje al pie de la horca, sin aspirar al elogio literario (la finalidad de su obra es otra) Julius Fucik, casi anticipa ese artilugio. En los comineznos del libro, en sus primeros días como prisionero nazi, inicia su conjetura sobre la delación. que lo llevo a su situación actual. En primer lugar nos habla de su ayudante Mirek, y plantea su inquietud sobre su accionar ante los interrogatorios de la Gestapo, pero a continuación despeja toda duda:
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A mí no me sacarán nada, pero ¿qué hará Mirek? Él, antiguo combatiente de la España republicana; él, que permaneció dos años en un campo de concentración de Francia para volver desde allí ilegalmente a Praga en plena guerra; no, estoy seguro de que no traicionará.
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No sólo despeja toda duda, sino que además define el perfil de su ayudante, relata sus avatares y lo transmite como un héroe. En las páginas siguientes, Fucik seguirá preguntándose sobre el traidor, sobre el soplón que se vendió a los invasores. Como en el texto de Borges, aquello que se daba por sentado, aquello que es aseverado por el mismo relato, termina revelando su falsedad en el desenmarañamiento de la intriga:

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Segunda sorpresa: en la pieza entran en fila india, cuatro personas, saludan en checo a los agentes vestidos de paisano y a mí, se sientan tras las mesas, ponen sus papeles antes sí y encienden sus cigarrillos libremente, con libertad de empleados. Pero ¡si yo los conozco! Conozco, por lo menos, a tres de ellos y no es posible que estén al servicio de la Gestapo. ¿O quizá lo están? ¿También ellos? Pero si es R., antiguo secretario del Partido y de los sindicatos, de carácter un tanto salvaje, pero fiel. No, eso no es posible. Y ésta es Anita Vikova, siempre tan sincera y tan hermosa, a pesar de sus cabellos ya completamente blancos, una militante firme y tenaz. No, eso no es posible. Y éste es Vasek, albañil en una mina del norte y más tarde secretario regional del Partido. ¡Cómo no voy a conocerlo! ¡Cuántos combates hemos vivido juntos allá, en el norte! ¿Es posible que lo hayan doblegado bajo su puño? No, no es posible. Pero entonces, ¿qué es lo que buscan ellos aquí? ¿Qué es lo que hacen aquí?
Sin dar respuesta a estas preguntas, ya se me acumulan otras nuevas. Traen a Miles, a los esposos Jelinek y al matrimonio Fried. Sí, lo sé; éstos, desgraciadamente, fueron arrestados conmigo. Pero ¿por qué está aquí también Pavel Kropácek, historiador de arte, que ayudaba a Mirek en su trabajo entre los intelectuales y al que no conocía nadie más que Mirek y yo? ¿Y por qué está aquí ese hombre joven y alto, con la cara tumefacta por los golpes, dándome a entender que no nos conocemos? Si yo no lo conozco realmente. ¿Quién será? ¿Stych? ¿El doctor Stych? ¿Zdenek? Pero, Dios mio, eso significa el grupo de médicos. ¿Y quién podría conocerlo, aparte de Mirek y yo? ¿Y por qué durante el interrogatorio me preguntaban tanto sobre los intelectuales checos? ¿Cómo han llegado ellos ha suponer un contacto entre mi trabajo y el que se realiza con los intelectuales? ¿Quién podría estar al corriente, fuera de mí y de Mirek?
La respuesta no era difícil, pero sí grave y cruel: Mirek ha traicionado. Mirek se ha convertido en un chivato
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Apenas más adelante, no sin pesar, chocaremos con el nombre de Vladislav Vancura –ese gran poeta que formara parte de Devetsil, que renovara la prosa checa, que fuese inspirador de Kundera (quién escribiría sobre él su primer texto ensayístico “El arte de la novela”, del que luego tomaría su título para su ensayo en siete partes publicado en 1986)- y lo veremos desfilar ante nosotros, sabiendo que, también a él, lo esperaba la suerte de Fucik, la suerte de ver su vida amputada por la atroz compulsión asesina del nazismo.
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lunes, febrero 09, 2009

Tres novelas de Kafka (III), por Pavel Eisner

AMÉRICA
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El personaje que se halla en el centro de la novela titulada América es más joven y lleva un nombre normal: Carlos Rossmann. Tiene dieciséis años. Sus padres lo han enviado a América porque una criada lo ha seducido. Él busca su lugar, intenta crecer, echar raíces, pero no busca siempre el sentido de la vida en la buena dirección y, rechazado, hélo aquí oscilando en el torbellino de la vida americana. Una parte de las maldiciones que pesan sobre los héroes de El Proceso y de El Castillo, lo abruman. El capítulo final, inacabado, y titulado “Teatro de la naturaleza en Oklahoma”, sugiere, sin embargo, que la lucha de Carlos por la íncola interior y exterior tendrá un desenlace feliz. Kafka no estuvo nunca en América pero la novela que ha escrito sobre ese país –una América que hoy pertenece ya a la historia- reposa sobre una fabulación realista y viviente; en ella se encuentran numerosos personajes atrayentes, se siente un empuje, una alegría debidos, evidentemente, a la juventud del héroe y, entre líneas, una ardiente simpatía hacia ese joven y un humorismo delicado. Esta novela maduró lentamente desde la publicación en 1913 de un cuento titulado El chofer (Der Heizer).