martes, julio 14, 2009

Tema del traidor y del héroe –Primera parte.

Julius Fucik
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Dentro de la historia se han tejido siempre las tramas de traidores y de héroes. Antítesis no paralelas, la figura del primero contempla una complejidad que los segundos no precisan. Sobre ambos tópicos ha escrito más de una página valiosa Jorge Luís Borges. En “La forma de la espada” se nos narra la historia de una traición. Esa traición es efectuada por el segundo narrador del relato (es decir, aquél que narra la historia de la traición propiamente dicha y no por el narrador que oficia de presentador y medio para llegar a la trama), pero de ello sólo nos enteraremos al final; para que, según el propio texto especifica, su interlocutor quedara "oyendola hasta el final". En su Reportaje al pie de la horca, sin aspirar al elogio literario (la finalidad de su obra es otra) Julius Fucik, casi anticipa ese artilugio. En los comineznos del libro, en sus primeros días como prisionero nazi, inicia su conjetura sobre la delación. que lo llevo a su situación actual. En primer lugar nos habla de su ayudante Mirek, y plantea su inquietud sobre su accionar ante los interrogatorios de la Gestapo, pero a continuación despeja toda duda:
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A mí no me sacarán nada, pero ¿qué hará Mirek? Él, antiguo combatiente de la España republicana; él, que permaneció dos años en un campo de concentración de Francia para volver desde allí ilegalmente a Praga en plena guerra; no, estoy seguro de que no traicionará.
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No sólo despeja toda duda, sino que además define el perfil de su ayudante, relata sus avatares y lo transmite como un héroe. En las páginas siguientes, Fucik seguirá preguntándose sobre el traidor, sobre el soplón que se vendió a los invasores. Como en el texto de Borges, aquello que se daba por sentado, aquello que es aseverado por el mismo relato, termina revelando su falsedad en el desenmarañamiento de la intriga:

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Segunda sorpresa: en la pieza entran en fila india, cuatro personas, saludan en checo a los agentes vestidos de paisano y a mí, se sientan tras las mesas, ponen sus papeles antes sí y encienden sus cigarrillos libremente, con libertad de empleados. Pero ¡si yo los conozco! Conozco, por lo menos, a tres de ellos y no es posible que estén al servicio de la Gestapo. ¿O quizá lo están? ¿También ellos? Pero si es R., antiguo secretario del Partido y de los sindicatos, de carácter un tanto salvaje, pero fiel. No, eso no es posible. Y ésta es Anita Vikova, siempre tan sincera y tan hermosa, a pesar de sus cabellos ya completamente blancos, una militante firme y tenaz. No, eso no es posible. Y éste es Vasek, albañil en una mina del norte y más tarde secretario regional del Partido. ¡Cómo no voy a conocerlo! ¡Cuántos combates hemos vivido juntos allá, en el norte! ¿Es posible que lo hayan doblegado bajo su puño? No, no es posible. Pero entonces, ¿qué es lo que buscan ellos aquí? ¿Qué es lo que hacen aquí?
Sin dar respuesta a estas preguntas, ya se me acumulan otras nuevas. Traen a Miles, a los esposos Jelinek y al matrimonio Fried. Sí, lo sé; éstos, desgraciadamente, fueron arrestados conmigo. Pero ¿por qué está aquí también Pavel Kropácek, historiador de arte, que ayudaba a Mirek en su trabajo entre los intelectuales y al que no conocía nadie más que Mirek y yo? ¿Y por qué está aquí ese hombre joven y alto, con la cara tumefacta por los golpes, dándome a entender que no nos conocemos? Si yo no lo conozco realmente. ¿Quién será? ¿Stych? ¿El doctor Stych? ¿Zdenek? Pero, Dios mio, eso significa el grupo de médicos. ¿Y quién podría conocerlo, aparte de Mirek y yo? ¿Y por qué durante el interrogatorio me preguntaban tanto sobre los intelectuales checos? ¿Cómo han llegado ellos ha suponer un contacto entre mi trabajo y el que se realiza con los intelectuales? ¿Quién podría estar al corriente, fuera de mí y de Mirek?
La respuesta no era difícil, pero sí grave y cruel: Mirek ha traicionado. Mirek se ha convertido en un chivato
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Apenas más adelante, no sin pesar, chocaremos con el nombre de Vladislav Vancura –ese gran poeta que formara parte de Devetsil, que renovara la prosa checa, que fuese inspirador de Kundera (quién escribiría sobre él su primer texto ensayístico “El arte de la novela”, del que luego tomaría su título para su ensayo en siete partes publicado en 1986)- y lo veremos desfilar ante nosotros, sabiendo que, también a él, lo esperaba la suerte de Fucik, la suerte de ver su vida amputada por la atroz compulsión asesina del nazismo.
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1 comentario:

Karel Poborsky dijo...

Los párrafos atribuidos a Julius Fucik han sido extraídos de "Reportaje al pie de la horca", Editorial Bruguera. Traducido por Libuse Prokopova.