sábado, octubre 11, 2014

Vitezslav Nezval, por Clara Janés

Presentación y poemas
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A propósito de la publicación de su libro Cinco poetas checos, donde traduce y presenta poemas de Nezval, Jaroslav Seifert, Frantisek Halas, Vladimir Holan y Jiri Orten, la poeta y traductora Clara Janés, escribe sobre el primero en la revista Adamar y comparte algunos de los poemas del autor recopilados en el libro. 
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Nezval es el poeta checo surrealista por excelencia, el mago de la palabra, el señor del salto y de la acrobacia jubilosa, el que hace juegos malabares cargados de humor, el que pone en marcha el arco iris de la gracia.

Vitězlav Nezval nace el 26 de mayo de 1900 en Moravský Krumlov, donde su padre ejerce de maestro de escuela. Trasladado éste a Třebic, inicia allí su hijo el bachillerato en 1911, para acabarlo en 1919 e inscribirse en la Facultad de Derecho de Brno. En 1920, sin embargo, Nezval se traslada a Praga para estudiar en la Facultad de Filosofía. En esta ciudad entra en contacto con otros poetas como Jiří Wolker y Konstantin Biebl y, en 1922, tras asistir a una velada del Devětsil y conocer a Karel Teige, pasa a formar parte del grupo. Por su influencia, éste cambia de orientación y proclama una nueva estética: el Poetismo. Tras un primer libro, Puente (1922), Nezval publica, en 1924, Pantomima, que es la verdadera realización del programa poetista y donde se detecta que su autor está dotado de rara potencia, gran riqueza de invención e inspiración y humor alegre.

En 1924 se hace miembro del Partido Comunista y entra a trabajar como redactor en el Diccionario enciclopédico de Masaryk. Poco después, por motivos de salud, pasa el servicio militar en los cuerpos civiles. Durante estos años escribe intensamente, publicando los libros Pequeña rosaleda, Poemas para postales, Diabolo e Inscripciones para tumbas en 1926; El acróbata en 1927, Edison en 1928, Juego de dados en 1929. En 1930 lleva a cabo la revista Zvěrokruh (Zodíaco) y publica Desayuno en la hierba, Poemas de la noche y Juan de luto; y en los dos años siguientes, La señal del tiempo, El impermeable cristalino y Cinco dedos. El camino seguido por el poeta, que como demostró ya enPequeña rosaleda, es capaz de meditar sobre la teoría del arte poético, de acercarse al sueño y a la fantasía, es dejar libre el subconsciente y jugar con las palabras, los sonidos, como un prestidigitador, utilizando todos los elementos a su alcance, hasta las rimas incoherentes que recuerdan las canciones infantiles, llenas de gracia y musicalidad. Sin embargo una melancólica conciencia de la muerte subyace en muchas de sus obras.

En 1933 Nezval viaja a Italia y Francia, donde conoce a Breton, y en 1934 crea el grupo surrealista de Praga. Este mismo año viaja a Moscú para asistir al Primer Congreso panfederal de escritores soviéticos y publica Adiós y pañuelito. A partir de este momento su actividad representativa es incesante; estará presente en dos congresos de escritores celebrados en París en defensa de la cultura (1935 y 1938), viajará como escritor a la Unión Soviética (1947), a Berlín (1956) y al Mar Negro (1957) y, además, como director del departamento de cinematografía del Ministerio de Información, a Inglaterra (1947), asistiendo al Festival de Cannes en 1954. 

Entre las obras que escribe después de 1934 cabe destacar Mujer en plural (1936), Praga con los dedos de lluvia (1936), El enterrador absoluto (1938), A cinco minutos de la ciudad (1940), Cuadro histórico (1945), Canto a la victoria (1950), Alas (1952), Ciudades y acianos (1955) y el libro póstumo Inacabado (1960).
Muere el 6 de abril de 1958.


POEMAS

Poemas para postales

Zapatitos

Zapatitos pececitos en tierra
perros junto a la puerta de la alcoba no muerden
negrescos cisnes de las salas de baile
cuyos brillos no eclipsan siquiera las estrellas

Jabón

Cual corazón de madre
hace transparente el agua turbia el jabón
huele como la rosa del jardín
hace espuma como el amor
y se rompe como la pena

La carta

Voló la palomita
tras ella el palomo
se encontraron encima de la ramita
y vuelan juntos

Burbujas

Burbujas burbujas
blanco trébol
lo que pasó pasó
no gritéis

Bata

El cardenal Richelieu
que en bata con flecos de colorines
con cortesanas flirtea
esto es el poeta cuando hace poemas

Edison

I

Nuestras vidas son tan tristes como el llanto
Una vez al anochecer salía del casino un joven jugador
Fuera nevaba sobre las custodias de los bares
el aire era húmedo pues se aproximaba la primavera
pero la noche temblaba como la pradera
bajo los golpes de la artillería estelar
que escuchaban sentados en mesas cochambrosas
bebedores inclinados sobre vasos de alcohol
mujeres medio desnudas con vestidos de plumas de pavo real
melancólicas como el atardecer

Pero había allí algo grávido que aplastaba
la tristeza la añoranza y la angustia de la vida y la muerte

Volví a casa por el Puente de las Legiones
cantando por dentro una breve aria
bebedor de las luces de los barcos nocturnos sobre el Vltava
desde el templo del castillo justamente daban las doce
medianoche de la muerte estrella de mi horizonte
en esta tibia noche de finales de febrero

Pero había allí algo grávido que aplastaba
la tristeza la añoranza y la angustia de la vida y la muerte

Inclinándome desde el puente vi una sombra
una sombra de suicida que caía hacia el abismo
pero había allí algo grávido que lloraba
era la sombra y la tristeza de un joven jugador
le dije por Dios señor ¿quién es usted?
él respondió con voz triste nadie un jugador
pero había allí algo triste que callaba
era una sombra que emergía como una horca
una sombra que caía desde el puente y yo grité ¡ah!
¡no usted no es un jugador! no usted es un suicida

Nos fuimos cogidos de la mano ambos a salvo
nos fuimos cogidos de la mano en un ensueño abierto
fuera de la ciudad donde empieza Košire 
y desde lejos nos saludaban los abanicos nocturnos
bailando sobre los kioscos de la tristeza la danza del alcohol
Nos fuimos cogidos de la mano sin hablar

Pero había allí algo grávido que aplastaba
la tristeza la añoranza y la angustia de la vida y la muerte

Abrí la puertas y encendí el gas
llevando a dormir mi sombra callejera
dije señor para nosotros dos esto basta
pero ya no quedaba ni la sombra de mi jugador
¿fue una aparición o un autoengaño?
me encontraba solo sobre el lecho cotidiano

Pero había allí algo grávido que aplastaba
la tristeza la añoranza y la angustia de la vida y la muerte

Me senté junto a la mesa sobre montones de libros míos
mirando por la ventana caer la nieve
mirando los copos de nieve tejer sus coronas
con su siempre quimérica nostalgia
bebedor de los matices imposibles de atrapar
bebedor de las luces sumidas en las sombras
bebedor de las mujeres a las que obedecen sueños y serpientes
bebedor de las mujeres que entierran su juventud
bebedor de crueles atrevidas y bellas mujeres
bebedor de placer y de espumas ensangrentadas
bebedor de todo lo cruel que persigue y aplasta
bebedor de los horrores y las tristezas de la vida y la muerte

Me dijo olvida ya las sombras
abriendo un periódico de hacía una semana
donde ahogado en el olor de la tinta
vi un gran retrato de Edison
con su invento reciente
estaba sentado y llevaba sotana como un cura medieval
pero había allí algo hermoso que aplastaba
el valor y la alegría de la vida y la muerte.

III

Nuestras vidas se pierden como círculos
Una vez se paseaba un aventurero por Nueva York
era media tarde y hacía un sol tibio de mayo
el caminante se paró en silencio en Broadway
delante del Palacio de la Western-Union Telegraph
donde se oía un rumor como el de un cuadro de distribución
era vendedor de periódicos y célebre inventor
Cuántos inventos se han ido a pique
las estrellas no se han salido de sus eternas órbitas
mire cómo un millar de personas tranquilamente vive
no no es trabajo ni energía
es una aventura como en el mar
encerrarse en el laboratorio
mire cómo un millar de personas tranquilamente vive
no no es trabajo eso es alquimia

Un pequeño domingo oh cuántas campanas sonoras

La centralita escucha los timbres de los teléfonos
Escuchan sus oídos a los enamorados
a los timadores que hablan de los cheques
o a los ladrones de California y a los asesinos nocturnos
las llamadas de teléfono procedentes de la Gran Praga
El mundo juega con su oído interno
se transforma usted en fluido eléctrico
los fonomotores y los pájaros mecánicos
se elevan hasta las estrellas de donde vuelven hacia usted
como al pajarero de la esquina de los barrios periféricos
proclamando su gloria en el letrero
dormir cinco horas le basta
en eso se parece usted al jugador

Vivir siempre de nuevo y tener la manía
una vez vio usted en Pensilvania
la noche y la lámpara de arco en la casa de la Baker
Sintió tristeza como ayer yo
ante la última página de mi novela
como el acróbata que ha recorrido la cuerda floja de un lado a otro 
como la madre que ha dado a luz a un niño
como el pescador que ha sacado las redes llenas
como el amante tras el dulce placer 
como los escuderos que vuelven de la batalla 
como la tierra en el último día de la vendimia
como la estrella que se apaga al alba
como el hombre al perder de repente su sombra
como Dios que creó la rosa la noche y el beleño
como Dios que desea crear nuevas palabras
como Dios que tiene que crear siempre de nuevo
amasando con su aliento nuevos cálices
posándose con el agua de la nube en el bancal
pero había allí en ello algo hermoso que aplastaba 
el valor y la alegría de la vida y la muerte

Un anochecer a comienzos de octubre del mismo año
entristecido dirigió usted su grave paso
al laboratorio del célebre Menlopark
en medio de su correspondencia y sus regalos
haciendo girar con los dedos el molinillo de los sueños como de costumbre
amasó usted sin pensar con las fibras de carbono
el pájaro de nuestras noches con él trasnochamos largamente
escoba de los fantasmas de las sombras con la que los perseguimos
ardientes falenas de los paseos de ensueños
ángel guardián que está en los frontones las esquinas y las puertas
rosas de restaurantes cafés y bares
fuentes de la noche en las tinieblas del bulevar
rosarios sobre los puentes de los ríos de las grandes ciudades
nimbos de las prostitutas callejeras
coronas sobre las chimeneas de los grandes buques de vapor 
lágrimas que caen desde las alturas de encima del piso
sobre el catafalco de la ciudad que las amortigua
sobre los edificios de los templos viejas momias
sobre los cafés donde están las almas vacías en el humo
sobre los espejos de los vinos y su frío eterno
sobre el catafalco de la ciudad de las emanaciones nauseabundas sobre mi alma guitarra disonante con la que como mendigo de luces sueños y amor
toco y lloro cambiando de máscaras
con pasión trovadoresca yo príncipe y rey aventurero
de la ciudad de las orgías llamada Balmoral
por cuya célebre puerta entro siempre en el sueño
por medio del cordón negro de mis siervos y prisioneros
príncipes de asesinatos e histéricas carmañolas [1]
carroza de la locura y de ruedas adornadas con cintas
de pasiones sádicas que hacen sonar campanas
de quimeras que se elevan que vuelan desde los dormitorios sobre los balcones
bebedor de crueles aventureras y hermosas mujeres
bebedor de placer y espumas ensangrentadas
bebedor de todo lo cruel que persigue y aplasta
bebedor de los horrores y la tristeza de la vida y la muerte

1. Danza revolucionaria francesa.

Ciudad de torres

Praga de las cien torres
con los dedos de todos los santos
con los dedos de los perjuros
con los dedos de fuego y granizo
con los dedos de un músico
con los deslumbrantes dedos de mujeres tumbadas de espaldas
con dedos que tocan las estrellas
en el ábaco de la noche
con los dedos de donde mana la noche
con dedos estrechamente unidos
con dedos sin uñas
con los dedos de los niños más chicos y afiladas briznas de yerba
con los dedos de un cementerio en mayo
con los dedos de una pordiosera y de toda la clase
con los dedos del trueno y del rayo
con los dedos de los crocus de otoño
con los dedos del castillo y de las viejas arpistas
con dedos de oro
con dedos por donde silba el mirlo y la tormenta
con dedos de puertos de guerra y clases de baile
con los dedos de una momia
con los dedos de los últimos días de Herculano y de la Atlántida sumergiéndose
con dedos de espárrago
con dedos de cuarenta grados de temperatura
y helados bosques
con dedos sin guantes
con dedos en los que se ha posado una abeja
con dedos de alerce
con dedos que tocan el flautín de la orquesta de la noche
con dedos de jugadores tramposos y de acerico
con dedos deformados por el reumatismo
con dedos de fresas
con dedos de molinos de viento y ramos de lilas
con dedos de agua de la fuente y con dedos de bambú
con dedos de trébol de cuatro hojas y viejos claustros
con los dedos de creta diluida por el agua
con dedos de cucos y de árbol de Navidad
con dedos de mediums
con dedos cepillados por el vuelo de un pájaro
con los dedos del tañido de las campanas y del viejo palomar
con los dedos de la inquisición
con los dedos lamidos para probar el viento
con los dedos de enterradores
con los dedos de ladrones de anillos
de manos que tocan la ocarina
con los dedos de deshollinadores de Nuestra Señora de Loreto
con los dedos de los rododendros y las fuentes de la cabeza del pavo real
con los dedos curtidos de la cebada que madura en el mirador de Petrin
con los dedos de mañanas de coral
con dedos que señalan hacia arriba
con los dedos cortados por la lluvia y la iglesia de Tyn con el guante del crepúsculo
con los dedos de la hostia profanada
con los dedos de la inspiración
con largos dedos sin falanges
con los dedos con que escribo este poema

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